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| Frambuesas ya congeladas |
Hoy la lluvia fue la protagonista del día. Ya desde las cinco de la mañana la tormenta eléctrica se hizo presente sobre Mar del Plata, adelantándose incluso a los pronósticos que esperaban las primeras lluvias para esta noche y para lo que queda del día de mañana, domingo. El estruendo de los truenos y los relámpagos iluminando el cielo oscuro fueron la alarma que me sacó del sueño. No me molestó, al contrario, hay algo en las tormentas que me resulta fascinante, casi hipnótico. El sonido de la lluvia golpeando el techo de chapa y las ventanas es como una sinfonía natural que me tranquiliza.
Me desperté con el alma un poco más liviana. A veces, me pregunto si la naturaleza no refleja también nuestros estados de ánimo. Hoy, entre la tormenta y la lluvia, siento una especie de renovación, como si el agua purificara no solo el aire, sino también mis pensamientos y emociones.
Después de un par de mates bien cargados con unas yerba de marca un poco extraña que se consiguen en el supermercado chino de mi barrio, me senté en la mesa de la cocina con el cuaderno de notas que uso para planificar mis cultivos. Hoy estuve buena parte del día organizando los próximos cultivos de frambuesas, tratando de especializarme en algunas variedades que dan frutos más grandes. De esas plantas que no son reflorecientes como muchas de las que ya tengo, pero que generan una mayor producción con un fruto más grande e incluso más dulce.
La idea de diversificar las frambuesas me entusiasma. Hace un tiempo que vengo leyendo e investigando mucho más sobre las distintas variedades y sus características, y creo que encontré algunas que podrían ser ideales para el clima de Mar del Plata. Me imagino caminando entre las hileras de plantas, viendo cómo los frutos crecen y maduran, listos para ser cosechados. Es un trabajo arduo, sí, pero también es muy gratificante.
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| Una de las variedades "reflorecientes" que forma parte de mis cultivos |
Mientras planificaba, la tormenta no daba tregua. El cielo seguía cerrado y las gotas seguían cayendo con bastante fuerza. Decidí entonces que hoy sería un buen día para quedarme adentro y seguir trabajando en mis proyectos en versión "indoor". Además de las frambuesas, estoy pensando en expandir mi cultivo de otros frutos rojos. Las moras, los arándanos y las grosellas tienen un gran potencial. Imagino los frutales llenos de vida, cada planta con su propio ritmo, su propio ciclo.
La visión a largo plazo es darle un valor agregado a la producción de estos frutos. Pienso en mermeladas artesanales, en rellenos para productos de pastelería como tortas, alfajores, bombones y galletitas. Todo casero, con ese toque especial que solo los productos frescos y naturales pueden ofrecer. La idea me da hambre de solo pensarlo, de imaginarme el sabor dulce y ligeramente ácido de una buena mermelada de frambuesa sobre una tostada caliente.
La idea de diversificar tanto los cultivos es clave para mi tipo de producción. No es tarea fácil, pero ya tengo algunos truquitos que pienso poner en práctica. Me encanta esta parte del proceso, la planificación, la anticipación de lo que vendrá. Es como armar un rompecabezas, cada pieza tiene su lugar y su función.
La verdad es que me encanta lo que hago. Hay algo muy especial en trabajar con la tierra, en ver cómo las plantas crecen y dan frutos. Es un proceso lento, lleno de paciencia y dedicación, pero cada pequeño avance es un motivo de celebración.
La visión a largo plazo es darle un valor agregado a la producción de estos frutos. Pienso en mermeladas artesanales, en rellenos para productos de pastelería como tortas, alfajores, bombones y galletitas. Todo casero, con ese toque especial que solo los productos frescos y naturales pueden ofrecer. La idea me da hambre de solo pensarlo, de imaginarme el sabor dulce y ligeramente ácido de una buena mermelada de frambuesa sobre una tostada caliente.
La idea de diversificar tanto los cultivos es clave para mi tipo de producción. No es tarea fácil, pero ya tengo algunos truquitos que pienso poner en práctica. Me encanta esta parte del proceso, la planificación, la anticipación de lo que vendrá. Es como armar un rompecabezas, cada pieza tiene su lugar y su función.
La verdad es que me encanta lo que hago. Hay algo muy especial en trabajar con la tierra, en ver cómo las plantas crecen y dan frutos. Es un proceso lento, lleno de paciencia y dedicación, pero cada pequeño avance es un motivo de celebración.
La tarde continuó con un día gris, lleno de una neblina en la que no se veía ni a medio metro, así que nada mejor que quedarse adentro tomando algo calentito y haciendo una competencia de Age Of Empires con mi hermano un rato. Y lo de competir es medio en broma porque doy bastante lástima jugando a los videojuegos y me suelen dar una paliza. Después de perder varias veces, decidí seguir un rato con la preparación de almácigos de mi huerta de otoño-invierno.
Hoy fue un día para estar guarecidos. La tormenta seguía afuera, aunque ya sin lluvia incesante, mientras el olor a tierra mojada invadía la casa a través de las ventanas ligeramente entreabiertas. Hay algo mágico en el aroma de la lluvia sobre el pasto ¿No creen ustedes lo mismo?
A la noche, mientras el cielo seguía iluminándose con los relámpagos, me preparé una cena sencilla pero reconfortante: una sopa de verduras casera y un poco de pan recién horneado. El crujido del pan al romperlo y el calor de la sopa me hicieron sentir una tranquilidad profunda, casi primitiva.
La lluvia no solo regó mis cultivos, sino también mis ideas y mis esperanzas. Mañana será otro día, con sus propios desafíos y alegrías, pero hoy, en medio de la tormenta, encontré un refugio en mis proyectos y en la simplicidad de la vida cotidiana.
Hoy fue un día para estar guarecidos. La tormenta seguía afuera, aunque ya sin lluvia incesante, mientras el olor a tierra mojada invadía la casa a través de las ventanas ligeramente entreabiertas. Hay algo mágico en el aroma de la lluvia sobre el pasto ¿No creen ustedes lo mismo?
A la noche, mientras el cielo seguía iluminándose con los relámpagos, me preparé una cena sencilla pero reconfortante: una sopa de verduras casera y un poco de pan recién horneado. El crujido del pan al romperlo y el calor de la sopa me hicieron sentir una tranquilidad profunda, casi primitiva.
La lluvia no solo regó mis cultivos, sino también mis ideas y mis esperanzas. Mañana será otro día, con sus propios desafíos y alegrías, pero hoy, en medio de la tormenta, encontré un refugio en mis proyectos y en la simplicidad de la vida cotidiana.





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