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VOLVER A ASOMBRARNOS

Ushuaia paisaje monte olivia

Un día mirando Ushuaia

¿Perdimos la capacidad de ver?

El mundo está a la deriva en un futuro incierto. Nada me sorprende. La maldad crece, pero seguimos haciendo frente, aun con todos nuestros errores, aun con nuestras torpezas, aun con nuestras contradicciones.

Hoy todo es fugaz, inmediato, descartable. Consumimos información como quien engulle comida chatarra: rápido, sin saborear, sin digerir. Saltamos de una noticia a otra, de una emoción a la siguiente, de reel en reel, de una tragedia a un meme, sin permitir que nada nos atraviese verdaderamente. Tal vez por eso hemos perdido algo esencial: la capacidad de asombro. Hemos perdido la capacidad de maravillarnos por las pequeñas —o incluso gigantes— cosas. 

He visto hoy como los turistas extranjeros (esos que se bajan de los cruceros) sacaban fotos a detalles que nosotros, en nuestra rutina diaria, vemos y pasamos por alto. Una pared antigua, una calle mojada, una montaña recortada contra el cielo, una nube rebelde, una gaviota suspendida en el viento. Tal vez porque acá en el fin del mundo, muchos nos hemos acostumbrado a mirar sin ver.

Nos hemos habituado tanto a lo extraordinario que ya no lo reconocemos como tal. Caminamos sobre escenarios que otros cruzan con reverencia. Transitamos paisajes que para muchos serían un privilegio único, pero para nosotros son simple fondo de pantalla de nuestra vida cotidiana.

Ushuaia tiene esas cosas. Es una ciudad rodeada de un entorno natural casi prístino, a ratos idílico, a ratos brutal. Montañas que parecen surgir directamente del mar. Bosques que respiran silencio. Vientos que limpian el alma a cachetazos. Cielos que cambian de humor en cuestión de minutos. La ciudad, si bien bonita, es un tanto caótica. Sin embargo, no voy a negar que posee un encanto misterioso, difícil de explicar, imposible de domesticar.

Hay días en los que la bruma cubre todo y la ciudad parece suspendida en una dimensión paralela. Otros, en cambio, el sol irrumpe con una fuerza que desarma cualquier pesimismo. Ushuaia no permite la indiferencia. Te obliga a sentir, a reaccionar, a posicionarte. Es una ciudad que de ninguna manera se deja ignorar.

Sin embargo, incluso aquí, incluso en este rincón privilegiado del mundo, la costumbre termina anestesiando los sentidos. Nos levantamos, trabajamos, cumplimos horarios, resolvemos problemas, hacemos trámites ultra burocráticos, nos preocupamos, nos angustiamos, nos agotamos. Y en ese torbellino diario dejamos de ver lo esencial.

Dejamos de mirar el cielo. Dejamos de escuchar el viento. Dejamos de agradecer el simple hecho de respirar.

Tal vez por eso Dios nos recuerda constantemente, a través de la naturaleza, que la vida es un regalo inmenso. Cada amanecer es una oportunidad renovada. Cada atardecer es una caricia de despedida. Cada estación trae consigo un mensaje distinto. Pero nosotros, enceguecidos por la prisa, preferimos no escuchar. (Estoy haciendo un curso sobre Génesis y no puedo obviar esto). ¡Se los recomiendo! 

Nos hemos vuelto "expertos" en sobrevivir, pero pésimos en vivir.

Vivir implica detenerse. Implica contemplar. Implica aceptar la lentitud como una forma de sabiduría. Implica reconciliarse con el Santo silencio. Implica aprender a estar con uno mismo sin distracciones constantes. Y eso, en esta época hiperconectada, parece un acto casi revolucionario. 

Yo tengo el pensamiento que el verdadero lujo no es viajar lejos, ni acumular experiencias exóticas, ni tachar destinos de una lista. El verdadero lujo es poder mirar lo cotidiano con ojos nuevos. Es redescubrir lo conocido. Es volver a sorprenderse por lo que siempre estuvo ahí.

Tal vez el turista nos enseña algo que olvidamos: mirar como si fuera la primera vez. Caminar como quien pisa tierra sagrada. Fotografiar no por exhibicionismo, sino por gratitud. Registrar no para mostrar, sino para recordar.

Sin ninguna duda hay una espiritualidad silenciosa en el acto de asombrarse. Porque el asombro nos devuelve a la infancia, a la humildad, al reconocimiento de nuestra pequeñez frente a lo inmenso. Nos recuerda que no somos dueños de nada, apenas huéspedes y administradores temporales de un mundo que muchas veces nos supera.

Y quizás ahí radique uno de los grandes desafíos personales para este 2026: volver a asombrarnos. Recuperar la capacidad de maravillarnos. Agradecer más. Quejarnos menos. Mirar más. Consumir menos. Caminar más despacio. Respirar más profundo.

Volver a ver a Ushuaia y a nuestra isla no como una postal repetida, sino como un milagro cotidiano. Volver a reconocer en sus montañas la firma divina. Volver a descubrir en sus cielos un mensaje. Volver a sentir en sus vientos un llamado. Pero más que nada, ver a los fueguinos y fueguinas como la firme representación de la imagen y semejanza de Dios.

Porque tal vez no sea el mundo el que se haya vuelto gris, sino nuestra mirada la que perdió color.

Y porque, al final, el verdadero cambio no empieza en las grandes decisiones, sino en esos gestos mínimos que nadie ve: levantar la vista, respirar hondo y decir, aunque sea en silencio, gracias.

Ahora mientras, escribo esto de asombrarnos,  se escuchan truenos, y esto es algo bastante inusual acá. Las tormentas eléctricas no forman parte del paisaje habitual de la ciudad más austral del mundo. El cielo se volvió denso, pesado, casi teatral, como si estuviera ensayando una versión patagónica del trópico. Y uno no puede evitar mirarlo con cierta desconfianza, esperando que en cualquier momento empiece a caer granizo, nieve o vaya uno a saber qué otro capricho meteorológico. Esa es mi mirada de hombre de campo

Curiosidades aparte: Hoy hizo calor. Y con calor me refiero a que llegamos a los gloriosos dieciséis grados. Eso ya es motivo suficiente para que los fueguinos se despojen de la campera, salgan en remera, transpirando como condenados a muerte por la calle, con la dignidad en terapia intensiva y el bronceado en modo simbólico. Porque acá, dieciséis grados son el Caribe. Y si la temperatura trepa apenas una gota más, la gente empieza a mirar el canal Beagle con intenciones sospechosas.

Ni que hablar si el termómetro osa marcar dieciocho. Ahí ya se producen escenas dignas de documental antropológico: familias enteras migrando hacia la costa de Playa Larga, adolescentes en cuero, reposeras desplegadas como si esto fuera la Costa Atlántica bonaerense, y algún valiente —o inconsciente— que se mete al agua con la convicción de quien cree que el Espíritu Santo lo va a cubrir con su manto térmico.

La relación del fueguino con el clima es, sin duda, una historia de amor y maltrato masoquista. Nos quejamos del frío, pero desconfiamos del calor. Maldecimos el viento, pero lo extrañamos cuando falta. Nos sorprende la tormenta eléctrica, pero la celebramos como una rareza. Porque retomando el punto principal de esta entrada y para no irme por las ramas... acá, cada fenómeno meteorológico es un acontecimiento, una excusa para frenar, mirar el cielo y recordar que seguimos viviendo en un rincón del mundo donde la naturaleza todavía tiene la última palabra. Estamos en el FIN DEL MUNDO

— Fin del comunicado del capitán—

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EL HUERTO EN EL FIN DEL MUNDO: EL ENCANTO DEL CALAFATE Y LA PROMESA DE VOLVER

Fruto del calafate
Fruto del calafate ya madurado

Hay plantas que no solo se siembran en la tierra, sino también en lo profundo de cada uno (fuaaa que poeta). Hoy abrí la puerta de casa y entre el viento, que se siente casi el protagonista de estos últimos días se podía sentir ese hermoso aroma de las flores de calafate en la primavera.

El calafate, ese arbusto rebelde y generoso típico de la Patagonia austral, es una de ellas. Crece sin pedir permiso, florece entre los vientos y da fruto solo cuando llega el momento justo.

Flores de calafate durante la primavera
La aromática flor del calafate

Dicen las viejas leyendas tehuelches que quien come su fruto, siempre regresa a la Patagonia. Yo creo que, más que un mito, es una promesa escrita en el sabor. Porque una vez que probás el calafate, la tierra misma te marca con su dulzura agreste, y ya no podés olvidar el sur. (YO NO LO HICE)

Aquí, entre los fríos y las jornadas desapacibles que estamos teniendo en Ushuaia, el calafate enseña una lección que pocos están dispuestos a escuchar: la belleza no siempre nace en la comodidad, sino en la resistencia. Si querés saber un poquito más de toda la leyenda detrás del calafate te la cuento en este post que escribí hace un tiempito

🌿 LA FILOSOFÍA DEL CALAFATE: CRECER DONDE OTROS NO PUEDEN

El calafate no teme al viento ni al hielo.
Tiene espinas como advertencias, raíces profundas que buscan calor donde la superficie se congela, y flores humildes que se abren cuando todo parece dormido.
Es una planta sabia.
No se apura, no reclama atención, y sin embargo ofrece uno de los frutos más deliciosos y valiosos del Sur. Su sabor es un espejo del espíritu patagónico: fuerte, dulce y un poco melancólico.
Cultivarlo es, de alguna manera, aceptar un pacto con la tierra: cuidar lo pequeño, esperar en silencio y celebrar cada fruto como un milagro.

🌱CÓMO CULTIVAR CALAFATE EN EL FIN DEL MUNDO

Muchos creen que el calafate solo crece de forma silvestre, pero con algo de paciencia —y respeto por su naturaleza— también puede prosperar en un huerto familiar.
Estas son las claves que aprendí entre charlas de mate y tardes de viento frío:

1. El Lugar Adecuado

🌤️ Luz: Ama el sol, pero tolera bien la semisombra. Si lo plantás cerca de otras especies, asegurate de que reciba al menos 6 horas de luz diaria.
🌾 Suelo: Prefiere los suelos pobres, arenosos o pedregosos. No necesita lujos, solo buen drenaje. En eso, se parece a nosotros: crece mejor cuando no está ahogado.
❄️ Clima: No le teme al frío; de hecho, lo necesita. Las heladas estimulan su crecimiento y mejoran el sabor de sus frutos.

2. La Plantación

Podés multiplicarlo por semillas o esquejes, aunque las semillas requieren paciencia (a veces más de un año para germinar).
Si optás por un esqueje, buscá uno semileñoso y plantalo en primavera, cuando la tierra empieza a despertar.
Dale espacio: el calafate puede alcanzar entre 1 y 2 metros de altura y ensancharse con ganas.

3. Cuidados Mínimos, Amor Constante

No necesita mucho riego. Con una o dos veces por semana en los meses secos alcanza.
Si lo ves crecer lento, podés agregar compost orgánico a comienzos de la primavera, pero sin exagerar: el calafate florece mejor en la modestia.
No le temas a las espinas; son su escudo, no una advertencia.

🍇 LA COSECHA DEL REGRESO

La recompensa llega en el verano, cuando los frutos azul oscuro tiñen las ramas y el aire se llena de ese aroma inconfundible.
El calafate no se apura, pero cuando da, da en abundancia.
Para cosecharlo:
Elegí los frutos más maduros, firmes y bien coloreados.
Evitá los días lluviosos, ya que la humedad afecta su conservación.
Usá guantes si no querés salir con las manos tatuadas de azul (aunque algunos lo consideramos un orgullo).

Y recordá: cada fruto es una semilla de memoria. Al comerlo, estás mordiendo una historia milenaria de supervivencia y amor por la tierra.

🍰 EN LA COCINA: SABOR DE LA PATAGONIA

El calafate es mucho más que una fruta silvestre; es una identidad en cada bocado.
Su sabor mezcla dulzura, acidez y un toque de misterio.
Algunas ideas para disfrutarlo:
🫐 Mermelada fueguina: Calafate, azúcar y un poco de jugo de limón. Simple, honesta y profundamente patagónica.

🍷 Licor artesanal: Ideal para las noches largas de invierno; una infusión de frutos en aguardiente que calienta cuerpo y alma.

🍰 Tarta del regreso: Una masa quebrada, un relleno de calafate y una promesa: quien la pruebe, siempre volverá.

Mientras observo los primeros brotes del calafate en mi huerto del Fin del Mundo, pienso que esta planta no solo enseña a cultivar, sino a creer en los retornos.
Porque la vida, como la Patagonia, tiene sus inviernos, pero siempre guarda un verano azul escondido entre las espinas.

¿Y vos?
¿Probaste alguna vez el fruto del regreso? 
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EL HUERTO EN EL FIN DEL MUNDO: GUÍA DEFINITIVA PARA EL CULTIVO DE RUIBARBO

Planta de ruibarbo en maceta
Un ruibarbo en maceta
Desde hace un tiempo, las plantas me han enseñado más sobre la vida que muchos libros de autoayuda.
El ruibarbo, en particular, se ha convertido en mi metáfora favorita para entender la paciencia. Me recuerda que la verdadera recompensa no viene de la prisa, sino de saber esperar.

Mientras el mundo afuera se devora en la inmediatez política o en la vorágine de las redes, yo encuentro paz observando cómo este vegetal de tallos rojos y firmes se abre paso en la tierra fría de Ushuaia.
 

Mucha gente cree que cultivar ruibarbo es una tarea solo para jardineros expertos o que es imposible en un clima patagónico tan extremo como el nuestro. Se equivocan. Solo exige una cosa: respeto por sus tiempos.
Si estás listo para frenar y cultivar la paciencia junto a esta planta noble, seguí leyendo.

🌱 La Filosofía del Ruibarbo: ¿Por Qué Me Atrapó?


No es un tomate que te da frutos en tres meses.
El ruibarbo te obliga a pensar a largo plazo. Es un compromiso.

Me atrajo su resistencia estoica. Aquí, en el sur de la isla donde el verano es breve y el frío muerde duro, el ruibarbo se aferra a la vida. Sus raíces son una sentencia contra el olvido. No solo sobrevive al invierno: lo necesita. Esa necesidad del frío para resurgir con más fuerza es una lección vital.

Además, en el plato, es una contradicción deliciosa: el tallo de aspecto rudo que, al cocinarse, se transforma en una dulzura agria, casi ácida. Es la prueba de que lo duro también puede ser tierno.

🌿 Del Semillero a la Tierra: Los Secretos para un Ruibarbo Fuerte


Si querés un ruibarbo que resista el huerto frío, no podés improvisar.
Acá te dejo las claves que aprendí a base de prueba y error en mi jardín en el Fin del Mundo:

1. La Ubicación es una Promesa

☀️ Sol o semisombra: Aunque he comprobado que ama el sol, en los días largos y casi eternos del verano austral, un poco de sombra por la tarde le sienta genial. La clave es el equilibrio.

🌾 Suelo rico y hondo: Sus raíces son poderosas. Necesitás un suelo profundo, bien cargado de compost y abono orgánico. El ruibarbo es un gran comedor; dale un festín desde el inicio.

💧 Drenaje, siempre: Su peor enemigo es el agua estancada. El suelo debe drenar bien para evitar que sus coronas (la base de donde salen los tallos) se pudran con la humedad excesiva.

2. Paciencia en la Plantación

El mejor momento para plantar las coronas o los primordios es a principios de la primavera, justo cuando sabés que las heladas más agresivas ya terminaron. Se puede hacer también desde semillas (aunque requiere un poco más de experiencia en su manejo)

Usá un buen espacio. No cometas el error de plantarlo cerca de otras especies.
Cada planta de ruibarbo puede crecer mucho y necesitará al menos un metro y medio de separación para extenderse con comodidad.

3. El Riego y la Muerte

El ruibarbo necesita riego constante, pero nunca ahogo.
Recordá: el agua es vida, pero el exceso es tumba.
Mantené la tierra húmeda, especialmente en los meses de mayor crecimiento, pero si ves encharcamientos, corregí el drenaje de inmediato.

🍃 La Recompensa de la Paciencia: Cosechando tu Ruibarbo


Este es el punto que más frustra a los novatos: el ruibarbo no se cosecha el primer año. Necesita establecerse, anclar sus raíces y acumular energía para la batalla del invierno.

El primer año, dejalo tranquilo.
El segundo año, podés tomar unos pocos tallos.
Recién en el tercero te devolverá con creces tu paciencia.

Cómo Cosechar Correctamente

¡Nunca cortes el tallo con cuchillo!
Elegí los tallos más gruesos y firmes de la parte exterior de la planta.
Agarrá el tallo lo más cerca posible de la base.
Tiralo hacia afuera y giralo suavemente: debe desprenderse de la corona sin dañarla.
No coseches más de la mitad de la planta de una vez; dejá siempre tallos suficientes para que siga haciendo fotosíntesis.
> ⚠️ Advertencia vital: Las hojas de ruibarbo son venenosas debido a su alto contenido de ácido oxálico. Solo se consumen los tallos. Desechá las hojas con cuidado.
🍰 Con el Ruibarbo en la Cocina: Ideas para Experimentar
La mayoría piensa en mermelada, pero el ruibarbo es mucho más versátil.
Si estás en la Patagonia, donde no abundan las frutas de carozo, el ruibarbo te da una acidez fantástica para equilibrar postres.

Algunas sugerencias:

🥧 Crumble patagónico: Mezclado con manzanas y una cubierta crujiente de avena y canela.

🍷 Salsa agridulce: Una reducción de ruibarbo con un poco de vino tinto y especias.

🍹 Limonada rosada: Un almíbar simple de ruibarbo infusionado en agua con gas y limón. Una bebida elegante y refrescante.

Y así, mientras revuelvo una mermelada de ruibarbo en mi cocina de Ushuaia, recuerdo que los mejores resultados de la vida —ya sea en el huerto o en la existencia— son aquellos que se construyen con lentitud y profundo respeto por los ciclos.

Espero que te animes a navegar esta aventura.🌱
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NO ES UNA ARAÑA, ES UNA CENTOLLA

Imagen del monumento a la centolla en Ushuaia
Flor de centolla

Detrás del Paseo del Fuego, en Ushuaia, se esconde una criatura que parece salida de un casting para Jurassic Park versión crustáceos. Ahí está, con sus ocho patas oxidadas, sus pinzas listas para arrancarte el abrigo y ese aire de “soy el jefe final de este videojuego”. Muchos incautos la ven y gritan: “¡mirá la araña gigante!”. Error. No es una araña, es una centolla.

Sí, la famosa centolla fueguina. Esa que tanto aparece en las fotos de los turistas con babero y martillito en mano, como si fueran cirujanos de pinzas y caparazones. Yo, que soy vegetariano (aunque no fundamentalista, no se preocupen, no voy a hacer piquetes en la parrilla de nadie), confieso que este homenaje no me conmueve demasiado. Porque claro, homenajear un animal que la mayoría solo quiere ver en la olla me parece, como mínimo, raro.


Pero ahí está: una escultura enorme, oxidada y pinchuda, vigilando el Beagle como si en cualquier momento fuera a decir “a ver vos, turista, dejá la selfie y tirate al agua”. Si la idea era hacerla intimidante, lo lograron: yo cada vez que paso por ahí me imagino que en una tormenta se suelta de los fierros y empieza a caminar por la ciudad como un Transformer patagónico.

El monumento a la centolla en Ushuaia
Una ubicación extraña

Eso sí, hay que admitir que llamar la atención, la llama. Nadie puede ignorarla. Es como ese primo raro en las fiestas familiares: no sabés si abrazarlo o cruzarte de vereda, pero de que todos hablan de él, hablan.

En fin, la próxima vez que alguien te diga “che, allá atrás del Paseo del Fuego hay una araña gigante”, corregilo con tono docto, como un capitán experimentado que acaba de descubrir América:

—No es una araña, marinero… es una centolla.

Y si te mira con cara rara, agregá:

—Pero igual corré, por las dudas.

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CABOS: EL COMIENZO DE UN SUEÑO CON SABOR A ALFAJOR

Recuerdos de aquella primera tanda de prueba

El pasado 27 de junio hice debutar oficialmente mi emprendimiento de alfajores CABOS. Apenas ha pasado menos de un mes desde aquel primer paso, pero siento como si hubieran pasado años de emociones, pruebas, ideas y sobre todo, muchas horas en la cocina.

CABOS no es solo una marca. Es un proyecto hecho a pulmón, con el corazón puesto en cada detalle. Todo es 100 % artesanal. Desde la selección de los ingredientes hasta el diseño de cada variedad, hay una búsqueda honesta por ofrecer algo que no solo se coma… sino que también se sienta.

Ya hay algunas variedades que están conquistando paladares: los Marplatenses (con su impronta costera inconfundible), los de crema irlandesa, los de avellanas, entre otros. Y claro, hay muchos más en camino, en etapa de pruebas, soñando con llegar pronto al envoltorio.

La más dulce de las tradiciones argentinas 

Este emprendimiento nació en Ushuaia, pero lleva en su alma un pedazo de mi historia, de mis raíces, de mi paso por la costa atlántica. CABOS es también un puente entre esas dos geografías: la ciudad más austral del mundo y la Mar del Plata de mi memoria.

Gracias a quienes ya se animaron a probar, a recomendar, a compartir. Gracias por acompañar este inicio. Lo que viene será aún más dulce.

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EL MONTE OLIVIA, EL EMPERADOR QUE NOS OBSERVA

Eliminando las distracciones, se levanta el emperador de la isla 

Hay algo en el Monte Olivia que te atrapa, aunque no lo busques. Basta con que mires hacia el este apenas salís a caminar por Ushuaia, y ahí está: firme, inmenso, eterno. Testigo silente de todos los que llegan, y también de todos los que se van.

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🚖 UBER, REMISES, TAXISTAS Y EL CONFLICTO SIN FIN


Que hermosa ironía nivel IA

Un diario de Río Grande publicó que los viajes de remises cayeron de 26 a 9 por día. ¿El culpable? Uber. ¡Ay, Uber! Ese demonio moderno que, según muchos, llegó a destruir el oficio del "conductor profesional" y traer el apocalipsis vial. Qué raro todo. En Ushuaia no nos quedamos atrás: cada vez que alguien se anima a abrir la app, no falta el grito al cielo de los autoproclamados paladines del volante legal. Pero... ¿y si le rascamos un poquito a la pintura? A ver qué hay detrás del enojo.

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CUANDO CAMINAR EN USHUAIA ES UNA TRAMPA MORTAL

El maple de huevos, todavía no estaba

Hay mañanas en que salir de casa es un acto de fe. Una pulseada entre el instinto de supervivencia y la obligación. Porque si vivís en Ushuaia, sabés que no es solo frío. Es hielo. Hielo en todas partes. Hielo que no brilla: traiciona. Veredas que parecen normales hasta que te resbalás sin aviso, sin drama, sin música de fondo: sólo vos, tu cuerpo cayendo, y un “¡la pu... ma...!” que rebota en la montaña.

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LA TEMPORADA DEL HIELO

Mí diseño debería ser canon en las fábricas de neumáticos 

Llega un momento en Ushuaia en que todo cambia.

El viento se pone más filoso, las noches se hacen eternas y las mañanas arrancan con esa capa de escarcha que parece pintada a mano por algún demonio meticuloso, y el suelo —ese mismo que pisás a diario para ir al supermercado o a trabajar— se convierte en una pista de patinaje olímpica.

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SIEMPRE CHAMUSCADOS, NUNCA INCHAMUSCADOS

Por supuesto, una cocina enojada

Hoy amanecí con ganas de escribir sobre Mar del Plata. Cumple años mi ciudad, esa que me vio crecer entre las olas y el viento. Pero la vida, siempre caprichosa, decidió que hoy también fuera el día en que casi me convierto en antorcha humana. Sí, leíste bien. Y no, no es metáfora. 
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PONIÉNDONOS AL DÍA

Tolhuin, Tierra del Fuego

Hola, ¿Cómo andan? Tanto tiempo sin pasar por acá a garabatear unas líneas virtuales. La verdad, los meses se me han escapado entre los dedos. Desde octubre del año pasado que estoy anclado en Ushuaia, intentando navegar este "verano" fueguino —y sí, lo pongo entre comillas con toda la ironía del mundo—. Para los que están acostumbrados a eso de que el sol te achicharra la espalda en diciembre o enero esto es otra película. 

Acá, el verano se parece más a un invierno tímido que se asoma con miedo, como si no terminara de decidirse a soltar el frío. Imaginen: salís a caminar con tres capas de ropa, el viento te pega en la cara como si tuviera cuentas pendientes, y de repente, entre nube y nube, aparece un rayo de sol que te hace pensar *"ah, mirá, quizás hoy no me congelo"*. Pero no se confíen... En cinco minutos vuelve a caer una llovizna que parece más bien una advertencia: *"Acá mandamos nosotras, las nubes del Fin del Mundo"*. Eso sí, no todo es quejarse. Hay una belleza brava en este clima, como si la naturaleza acá jugara a ser impredecible por puro deporte. En serio, el que está acá tiene prohibido quejarse del clima.

La Bahía Lapataia de fondo en el Parque Nacional Tierra del Fuego

Los días largos y eternos 

Si hay algo que me sigue volando la cabeza es la duración de la luz. A mediados de diciembre, el sol se despide recién pasadas (y hasta por mucho) las 22 horas, y ni hablar de cómo se arrastra el crepúsculo que no se decide a desaparecer. Es como si el cielo tuviera miedo de oscurecer del todo. A veces me quedo mirando por la ventana a las once de la noche y todavía hay un resplandor azulado o morado. Algo similar a lo que debe vivir un noruego en julio, pero acá, en el sur del sur, con el Canal Beagle de testigo y los Andes fueguinos de cómplices. 

Hace unos días, me animé a una caminata. Salí tipo ocho de la tarde (es imposible decir de la noche) y, cuando volví, el reloj marcaba casi medianoche. Pero la claridad seguía siendo la de un atardecer perezoso. Es surreal, como vivir en un limbo donde el tiempo se estira y te regala horas extras para hacer cosas. 

La huerta aquí se inicia con lo que se encuentra

El desafío verde: jardinear en tierra de desafíos 

Pero bueno, no todo es contemplar paisajes dignos de postal. Desde que llegué, me metí en la aventura de intentar cultivar algo en este suelo caprichoso. Y digo "intentar" porque, acá hasta las lechugas parecen tener carácter fueguino: crecen lento, con terquedad, como midiéndome a ver si tengo el don de la paciencia. La gente local ya me advirtió:
"Si querés cosechar algo que no sea nostalgia, tenés que jugar con el calendario y las estaciones como si fueran piezas de ajedrez"
Así que me armé de invernáculos improvisados, telas térmicas y una fe digna de mejor causa. Empecé con lo básico: kale, espinaca, algunas aromáticas. Nada de tomates (en experimentación momentánea) o pimientos, que acá se ponen melodramáticos con el frío. Aunque, ¿saben qué? La rúcula, se la banca. Y las hierbas como el perejil y el ciboulette también, aunque crecen a paso de hormiga. Lo más loco fue cuando probé con unos rabanitos, solo por curiosidad (parte del paquete de semillas locales). Sembré en noviembre, y recién ahora, principios de febrero, asomaron unas hojitas tímidas. Pero cuando los arranqué, ¡eran del tamaño de una uva! Pequeños, pero picantes como ellos solos. Un triunfo modesto, pero triunfo al fin. 

Cultivar acá es como tener una relación complicada con el clima: un día te regala diez grados y sol radiante, y al otro te despertás con tremendo granizo. Aprendí a leer el cielo como si fuera un mapa de tesoro: si las nubes se apelotonan sobre el Monte Olivia, mejor correr a cubrir los plantines. Si el viento viene del sur, abrigarse doble y rezar por las lechugas.

En definitiva, acá nada se da por sentado. Ni el sol, ni el calor, ni una cosecha. Todo se gana con paciencia, observación y un buen par de guantes. Bueno, tampoco vamos a exagerar. Es solo cuestión de seguir experimentando el fin del mundo. ¡Hasta la próxima!
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USHUAIA Y LOS CRUCEROS ANTÁRTICOS


A tan solo 1000 kilómetros de distancia (aproximadamente), Ushuaia es sin lugar a dudas la puerta de entrada al extraordinario destino que significa conocer la Antártida.
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LA IMPERDIBLE LAGUNA ESMERALDA

Te presento… uno de los clásicos que tienes que ver en Tierra del Fuego. Un destino que año tras años, temporada tras temporada, ocupa siempre los primeros puestos de los lugares más visitados de la Isla[1].

Dentro del Valle de Tierra Mayor, y a menos de 20 kilómetros de la ciudad de Ushuaia, se encuentra este hermoso espejo de aguas cristalinas que con justa razón, se ganó la denominación de Laguna Esmeralda.

Un imperdible paseo de no muy alta dificultad[2], que se accede tras una caminata desde la Ruta Nacional 3. Tengan en cuenta de que el tramo de senderismo es de aproximadamente, 9 kilómetros (ida y vuelta).

Vista a la Laguna Esmeralda

Hay distintos caminos que desembocan en las costas de las aguas que bañan la laguna. Sin embargo, es recomendable iniciar la caminata desde el “estacionamiento” próximo (lado sur) al Centro Invernal Valle de los Lobos. Lugar que está claramente señalizado. Desde allí, uno se interna en el bosque fueguino cruzando turbales, esquivando castoreras hasta cruzar el puente sobre el río homónimo a la laguna para llegar, luego de un ascenso breve y sencillo hasta el final de nuestro recorrido.

Inicio del sendero a la vera de la ruta 3

¿Quién me lleva?

Sí no se cuenta con de movilidad propia hay servicios regulares de transporte de pasajeros que conectan el centro de la ciudad de Ushuaia (zona del puerto) con la entrada al sendero que nos lleva Laguna Esmeralda

Turbales del camino

Río Esmeralda

Llegando a destino

Datos a tener en cuenta:

· Valor de la entrada: Gratuito (no permita que nadie le cobre).
· Precios promedios para excursiones (Agencias de VyT): >$2000 (pesos argentinos). En general las agencias buscan a los visitantes en sus hoteles y los trasladan con sus respectivos guías ida y vuelta al lugar. Pueden o no incluir algún servicio de almuerzo.
· Diversos valores para los medios de transporte pudiendo optar por alquilar un auto, taxis y remises o también, transportes regulares

Características:

· Distancia del recorrido: Aproximadamente 9 kilómetros ida y vuelta (Desde y hasta el inicio del sendero en Ruta Nacional 3)
· Tiempo de recorrido: >4 horas
· Altura máxima: 360 msnm aproximadamente
· Coordenadas para GPS: -54.69, -68.12
· Plus Code para Google Maps: 37QH8V5C+45





Recomendaciones para visitarla:

· Ideal recorrido para hacer en los meses de verano. Durante la temporada invernal es fundamental contar con raqueta para nieve y ropa térmica
· En general, el clima de Tierra del Fuego (y Laguna Esmeralda no es la excepción) es muy cambiante por lo que se recomienda hacer senderismo con ropa (en capas es mejor) y calzados adecuados adaptados a terrenos húmedos y con ocasional (muy ocasional) presencia de barro. La primera vez que realicé esta excursión hace algunos años fui en zapatillas… en definitiva, muy mala idea.
· Si bien la zona es frecuentemente visitada, se recomienda NUNCA hacer senderismo en forma individual.
· Durante el invierno, vaya lo más temprano posible así puede disfrutar de caminar tranquilo en horas de luz. Recuerde que las noches en esta zona son muy largas
· Ante cualquier emergencia, comunicarse al 103 (Defensa Civil)
· Lugar sin señal de redes móviles

Otros lugares cercanos para recorrer

· Glaciar Ojo del Albino y Cordón Toribio (Próximo artículo)
· Cuevas del Alvear (Próximo artículo)



[1] INFUETUR (Instituto Fueguino de Turismo)
[2] Dependendiendo de las capacidades de cada persona. La dificultad mencionada, es un promedio de notas extraídas en diversos sitios de senderismo. Nivel 1 – 2
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RESERVA CULTURAL Y NATURAL "PLAYA LARGA"



Gracias a Dios, la provincia de Tierra del Fuego tiene una enorme cantidad de sectores naturales que han merecido una protección especial bajo el sistema de Reservas Culturales y Naturales protegidas.

La más cercana a la ciudad de Ushuaia es la que me ha llevado a escribir este Post y se la denomina "Reserva Cultural y Natural Playa Larga". Principalmente, esta área fue protegida para preservar zonas de gran valor arqueológico debido a que en el lugar habitaban los Yámanas (Nómades canoeros originarios). Por eso debemos ser muy respetuosos al momento de visitar estos sitios y preservarlo intacto de posibles modificaciones en el terreno.

Datos de la Reserva Cultural y Natural Playa Larga

Creación: 27 de noviembre de 1997
Extensión: 24 hectáreas
Objetivo de la Reserva: Proteger, conservar y preservar los yacimientos arqueológicos descubiertos y por descubrir
Mejor momento del año para visitarla: finales de la primavera y verano
Clima: Frío (Alta probabilidad de nevadas durante el otoño, el invierno y el inicio de la primavera). Alta humedad
Ingreso en auto: hasta "baliza escarpados"
Precio de entrada a la Reserva: Gratis

¿Cómo hago para llegar desde Ushuaia?

La cercanía a la ciudad capital de la provincia, hace de la Reserva un lugar muy fácil de ubicar para cualquier persona.

Diríjase por la Ruta Nacional 3 hasta la Ruta Provincial 30 y gire a la derecha pasando por la Estación de Piscicultura Río Olivia y la Estancia homónima. Continúe por este camino hasta su final (Baliza Escarpados). Desde allí puede ingresar caminando o a caballo por la tranquera de la Estancia Túnel y recorrer las zonas permitidas de la Reserva.
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EN EL FIN DEL MUNDO. RECORRIENDO USHUAIA

Foto de Ushuaia en la década del 90 - Camino al Martial

¡Bienvenidos a Ushuaia! La capital de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, ubicada en la República Argentina. Esta hermosa ciudad, cuyo nombre proviene del idioma yahgan, hablado por los aborígenes que habitaban la zona, significa "bahía penetrando al oeste". Ushuaia se ha convertido en un destino turístico especializado, recibiendo a visitantes de todo el mundo que llegan a explorar esta región única en los confines de la tierra.

Actualmente, Ushuaia se destaca como un importante centro turístico internacional debido a su bahía profunda y su puerto, que permite la entrada de grandes cruceros que luego continúan su viaje hacia el "continente blanco", la Antártida. Junto al turismo, otras actividades económicas relevantes en Ushuaia incluyen la electrónica y la pesca de exquisiteces marinas, como las incomparables centollas fueguinas, que deleitan los paladares más exigentes.

Entre las numerosas excursiones disponibles en Ushuaia, hay algunas que considero imperdibles. Una de ellas es la navegación en el Canal Beagle a bordo de modernos catamaranes. Esta experiencia te brinda la oportunidad de disfrutar de impresionantes paisajes y observar la abundante fauna marina que habita en la zona. 

A pocos kilómetros de la ciudad, podrás maravillarte con el ex camping municipal, ubicado a orillas del río Pipo, el cañadón del toro y la bahía ensenada, donde se encuentra la isla Redonda, que es la última unidad postal del Correo Argentino. Una vez que llegues al Parque Nacional Tierra del Fuego, no te pierdas ningún detalle y visita el lago Roca (Acigami) y la laguna Negra, que son auténticos emblemas del lugar.

Si te diriges hacia el norte de la ciudad, encontrarás los principales centros invernales, además del glaciar Martial, con su enorme pista de esquí que se accede mediante una aerosilla cercana a los hoteles más importantes de Ushuaia. Estos centros invernales, como el Valle de Tierra Mayor, son ideales para la práctica del esquí de fondo. Allí se lleva a cabo la tradicional "marcha blanca", una experiencia única para los amantes de los deportes de invierno. También podrás visitar el Valle de los Huskies, donde se encuentran los famosos perros, y el centro Las Cotorras. Un poco más al norte, se encuentra Harowen, donde podrás disfrutar del esquí, el trineo. Cuando éramos niños en toda esta zona hacíamos la famosa "bajada en gomón", que utiliza la cámara de la rueda de un tractor. ¡Es realmente impresionante! Además, no podemos olvidarnos del mundialmente famoso Cerro Castor, otro atractivo imperdible para los amantes del esquí.

Ushuaia es una ciudad tranquila, y la mayoría de los turistas disfrutan pasear por sus calles tanto en invierno como en verano. En particular, la calle San Martín es un lugar que no debes dejar de visitar, ya que allí se encuentran la mayoría de los centros de compra, donde podrás adquirir souvenirs y productos locales únicos. También, te invito a recorrer la doble Avenida Maipú, conocida como la Costanera, que cuenta con un encanto especial debido a su cercanía con el tradicional puerto de Ushuaia.

Caminar por estas calles te permitirá sumergirte en la atmósfera única de Ushuaia, apreciar la arquitectura característica de la región y disfrutar de la hospitalidad de sus habitantes. Además, encontrarás una amplia variedad de restaurantes que ofrecen delicias culinarias locales, donde podrás degustar platos a base de mariscos frescos y saborear la famosa centolla fueguina, una exquisitez que no puedes dejar de probar durante tu visita.

Para los amantes de la naturaleza, Ushuaia es un verdadero paraíso. Los paisajes que rodean la ciudad son simplemente impresionantes, con montañas majestuosas, bosques frondosos y lagos cristalinos.

Si eres aventurero, Ushuaia también ofrece emocionantes actividades al aire libre. Puedes embarcarte en una expedición de trekking por los glaciares, realizar paseos en kayak por los fiordos o incluso realizar avistamiento de aves y mamíferos marinos en su hábitat natural. Estas experiencias te permitirán conectarte con la naturaleza en su estado más puro y vivir momentos inolvidables.

Durante el invierno, Ushuaia se transforma en un paraíso para los entusiastas de los deportes de nieve. Las pistas de esquí ofrecen desafíos para todos los niveles, desde principiantes hasta expertos, y la calidad de la nieve es reconocida a nivel internacional. Además, la ciudad cuenta con una amplia infraestructura de servicios y alojamientos que te brindarán todas las comodidades necesarias para disfrutar al máximo de tu estadía.
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VOLVIENDO Y... ¡FELIZ CUMPLEAÑOS TIERRA DEL FUEGO!


Menos mal que no me gano la vida escribiendo en este blog porque sería, el peor trabajador de toda la historia. La redacción no es lo mío,como ya se habrán dado cuenta pero hoy, rompo con la falta de artículos. Tal vez repita lo que ya dije en diversas redes sociales.

A los 7 años (en febrero de 1992), la vida me dio la oportunidad de irme a vivir a Ushuaia. Allí, pasaron muchas cosas lindas (y algunas cosas feas también) pero sin ninguna duda, lo que quiero recalcar es que la isla, marcó mi infancia y se hizo un lugar enorme en mi corazón. A veces, parece que tengo tantos lugares guardados en mi cuore que creo ya, es gigante.

En fin, después de tanta palabrería viene lo importante que tenía que decir: ¡Feliz cumpleaños Tierra del Fuego!

Los recuerdos vividos en esta gigante isla austral no se olvidarán jamás...

La "Típica" foto dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego

El antiguo tren ubicado en el museo del presidio

Jornada de puertas abiertas en la Base Naval de Ushuaia

Sobre Avenida Maipú cuando el Saint Christopher, estaba "lejos"


Con mis hermanos en el camping Rio Pipo

Muchas gracias por haber leído este artículo. Si deseas obtener más información sobre la provincialización de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur puedes leer el siguiente artículo
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RESERVA CULTURAL Y NATURAL PLAYA LARGA


Gracia a Dios, la provincia de Tierra del Fuego tiene una enorme cantidad de sectores naturales que han merecido una protección especial bajo el sistema de Reservas Culturales y Naturales protegidas.

La más cercana a la ciudad de Ushuaia es la que me ha llevado a escribir este Post y se la denomina Reserva Cultural y Natural Playa Larga. Principalmente esta área fue protegida para preservar zonas de gran valor arqueológico debido a que en el lugar habitaban los Yámanas (Nómades canoeros originarios). Por eso debemos ser muy respetuosos al momento de visitar estos sitios y preservarlo intacto de posibles modificaciones en el terreno.

Datos de la Reserva Cultural y Natural Playa Larga

Creación: 27 de noviembre de 1997

Extensión: 24 hectáreas

Objetivo de la Reserva: Proteger, conservar y preservar los yacimientos arqueológicos descubiertos y por descubrir

Mejor momento del año para visitarla: primavera y verano

Clima: Subpolar oceánico (Alta probabilidad de nevadas durante la temporada invernal). Alta humedad

Ingeso en auto: hasta "baliza escarpados"

Precio de entrada a la Reserva: Gratis


¿Cómo hago para llegar desde Ushuaia?

La cercanía a la ciudad capital de la provincia, hace de la Reserva un lugar muy fácil de ubicar para cualquier persona.

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Mariano Romero Arregin

¡Hola! Mi nombre es Mariano — Un hombre común y corriente escribiendo sobra la vida. Soy primeramente CRISTIANO. En lo profesional, soy productor agrícola, promotor agroecológico en un cultivar de frutas finas, fermentista y cuando tengo algo de tiempo (y dinero especialmente) un viajero amateur. Además, aquí estoy compartiendo mis historias familiares, mi amor por la vida en los cultivos, la naturaleza, la tecnología y el ocio en general.

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