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MALVINAS: NUESTRA PERLA AUSTRAL

Plaza Islas Malvinas en Ushuaia

El reclamo irrenunciable de soberanía sobre el Atlántico Sur

Los argentinos tenemos el deber irrenunciable de mantener el reclamo de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas y todo el archipiélago del Atlántico Sur, hoy bajo el yugo del poder pirata británico.

Escribo esto desde Ushuaia. Desde la ciudad capital de nuestras islas, la ciudad que mira al este con la convicción de que lo que está ahí, es parte del territorio fueguino... y por ende, parte del territorio argentino. Que siempre lo fue. Y que el reclamo de recuperarlo no caduca, no prescribe, no se negocia en ningún salón diplomático por más que los años pasen y la comodidad sugiera que ya es hora de aceptar lo que no se puede cambiar. No. No se acepta. No se renuncia. No se olvida.

Este artículo es un argumento y es también una declaración personal. Los argumentos tienen que poder sostenerse con hechos y con lógica, porque la pasión sola no convence a quien no la comparte de antemano. Pero la declaración personal también tiene su lugar: Malvinas no es solo una causa geopolítica abstracta. Es parte de lo que somos como argentinos, especialmente para quienes vivimos en el extremo sur del continente y sabemos que la distancia entre Ushuaia y las islas es de menos de ochocientos kilómetros (menos de 600 desde Río Grande), mientras que la distancia entre las islas y Londres es de trece mil.

El argumento histórico: La herencia que no se transfiere por conquista

Óleo de L. Vernet. Puerto Soledad en 1829

La historia de la soberanía argentina sobre Malvinas comienza antes de que Argentina existiera como Estado independiente. Las islas fueron descubiertas y exploradas en el contexto del dominio español sobre el Río de la Plata. España estableció una colonia en la isla Soledad en 1764, que los ingleses llamaron East Falkland. Cuando Gran Bretaña intentó establecer su propio asentamiento en la isla Gran Malvina —West Falkland— en 1765, España protestó y en 1771 los ingleses se retiraron, reconociendo implícitamente la soberanía española sobre el archipiélago.

Cuando Argentina declaró su independencia en 1816, heredó de España, por el principio jurídico de uti possidetis juris, los territorios que habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata. Las Malvinas eran parte de esos territorios. El gobierno argentino ejerció esa soberanía de manera efectiva: estableció una administración en las islas, nombró gobernadores, reguló la pesca y la caza de lobos marinos, y en 1820 el gobierno de Buenos Aires tomó posesión formal del archipiélago bajo bandera argentina.

La usurpación británica de 1833 —que es el término correcto, usurpación, no colonización ni ocupación, sino usurpación violenta de un territorio que pertenecía a otro Estado— fue un acto de fuerza pura y simple. La corbeta HMS Clio llegó a Puerto Soledad en enero de 1833, expulsó a las autoridades argentinas, arrió la bandera argentina y enarboló la británica. No hubo negociación, no hubo tratado, no hubo compra, no hubo ningún acto jurídico que transfiriera la soberanía. Hubo un barco de guerra y una orden. Eso es todo.

Argentina protestó de inmediato y nunca dejó de protestar. La continuidad del reclamo desde 1833 hasta hoy no es retórica: es el registro diplomático más largo e ininterrumpido de la historia argentina. Más de ciento noventa años de notas diplomáticas, de presentaciones ante organismos internacionales, de insistencia sobre un principio que ningún paso del tiempo puede borrar: que la soberanía no se adquiere por conquista en el derecho internacional moderno.

Gran Bretaña tomó las Malvinas en 1833 con un barco de guerra y una orden. Eso no es soberanía: es piratería. Y la piratería no prescribe en el derecho de las naciones cuando el agraviado no deja de reclamar.

El argumento jurídico: Lo que la ONU dijo y lo que Gran Bretaña Ignoró

Museo Islas Malvinas

El argumento de que el reclamo argentino es ilegítimo porque los isleños no quieren ser argentinos confunde dos principios que el derecho internacional distingue con claridad: la autodeterminación de los pueblos y la integridad territorial de los Estados. Estos dos principios no siempre apuntan en la misma dirección, y cuando entran en tensión, el derecho internacional establece criterios para resolverla.

La Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1965 con el voto de Argentina y del Reino Unido, estableció que la cuestión de las Malvinas es una situación colonial que debe resolverse mediante negociaciones entre Argentina y el Reino Unido, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. Nótese la distinción: los intereses, no la autodeterminación soberana. La misma resolución califica la situación como colonial, lo que implica que el principio aplicable no es la autodeterminación —que se aplica a pueblos sometidos a dominación colonial, no a poblaciones trasplantadas por la potencia colonial— sino la descolonización en favor del Estado territorial.

Esta posición fue reafirmada por las resoluciones 2353 de 1967, 3160 de 1973, y por numerosas declaraciones del Comité de Descolonización de la ONU que a lo largo de décadas instó al Reino Unido a negociar con Argentina. La posición del derecho internacional no es ambigua: Malvinas es una situación colonial pendiente de resolución y la potencia colonial es el Reino Unido, no Argentina.

El argumento de la autodeterminación que el gobierno británico esgrime tiene una contradicción interna que sus propios defensores raramente abordan con honestidad: la población actual de las islas no es un pueblo originario que reclama su autodeterminación frente a un colonizador. Es el resultado de la expulsión de la población hispanoparlante que vivía en las islas en 1833 y su reemplazo por colonos británicos. Invocar la autodeterminación de una población instalada por la potencia colonial para justificar la permanencia de la potencia colonial en el territorio que usurpó es un razonamiento circular que ningún sistema jurídico serio puede sostener con consistencia.

Si el principio de autodeterminación de los colonos trasplantados valiera como argumento soberano, cualquier potencia colonial que reemplazara a la población original de un territorio adquiriría con el tiempo un título inatacable sobre ese territorio. Esa conclusión no solo es inaceptable: contradice el propósito entero del proceso de descolonización de Naciones Unidas.

Los soldados de 1982: El heroísmo que no autoriza el olvido

Soldados argentinos en Malvinas

La guerra de 1982 es el capítulo más doloroso y más complejo de la historia de Malvinas. El gobierno militar envió a jóvenes argentinos a recuperar las islas sin las condiciones mínimas de preparación, equipamiento, logística ni liderazgo que una operación militar responsable requiere. Usó una causa legítima —la soberanía argentina sobre Malvinas— para sus propios fines políticos internos, en un momento en que el gobierno de facto necesitaba desesperadamente un triunfo que distrajera de las cuestiones internas.

Eso es la historia política de 1982 y no tiene sentido ocultarla. Pero hay otra historia de 1982 que existe independientemente de la infamia de quienes tomaron la decisión: la historia de los soldados que fueron. Muchos de ellos: chicos de dieciocho, veinte años, conscriptos que no eligieron ir a ninguna guerra. Que sin embargo fueron, que pelearon con lo que tenían, que resistieron con una valentía que muchos de sus generales no merecían, que soportaron el frío de las islas en condiciones que ningún ser humano debería soportar, y que murieron o volvieron marcados para siempre por una experiencia que la sociedad argentina tardó demasiado en reconocer con la dignidad que merecía.

Los veteranos de Malvinas son parte de lo más doloroso de la historia argentina reciente: fueron usados por los militares de turno, ignorados por la democracia que la sucedió, estigmatizados durante años, y enfrentaron en silencio traumas que muchos no pudieron superar. La tasa de suicidios entre veteranos de Malvinas es una de las estadísticas más trágicas que produce la negligencia del Estado argentino hacia los que mandó a pelear. Ese dato merece toda la indignación que no se agota con los años.

Ninguna crítica al gobierno militar que usó Malvinas para sus propios fines puede ni debe proyectarse sobre los soldados que pelearon en las islas. Ellos no eligieron la guerra. Eligieron —o fueron obligados a elegir— servir a su país en las condiciones que les impusieron. Y lo hicieron con una dignidad que el regimiento político que los envió no tenía. El reclamo de soberanía sobre Malvinas es también, y de manera inseparable, el reclamo de que esos soldados no hayan muerto o sufrido en vano.

Muchos de los soldados de Malvinas fueron la Argentina real: jóvenes sin recursos, sin preparación suficiente, enviados por un gobierno que los traicionó antes de que partieran. Pelearon igual. Murieron igual. Merecen que el reclamo soberano que los convocó no se abandone jamás.

El Atlántico Sur y los intereses que el Reino Unido no menciona

Ocupación británica del Atlántico Sur

Gran Bretaña presenta su presencia en las Malvinas como el cumplimiento de un deber hacia los isleños que quieren permanecer bajo la Corona. Es una narrativa simpática. Es también una narrativa que convenientemente omite los intereses estratégicos y económicos que hacen de las Malvinas un territorio de valor incomparable para una potencia que perdió su imperio pero no perdió el apetito por los recursos ajenos.

El Atlántico Sur es una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta. El paso entre el extremo sur de América y la Antártida —que las Malvinas dominan geográficamente— conecta el Atlántico con el Pacífico y es una ruta alternativa al Canal de Panamá de valor incalculable en términos de logística militar y comercial. Quien controla las Malvinas tiene proyección sobre ese paso y sobre una porción enorme del Atlántico Sur.

La plataforma continental argentina —cuya extensión fue reconocida por la ONU en 2016 en un fallo que amplió el territorio marítimo argentino en 1,7 millones de kilómetros cuadrados— contiene recursos pesqueros, minerales y potencialmente hidrocarburíferos de magnitud. La zona de exclusión pesquera que el Reino Unido administra alrededor de las Malvinas genera ingresos significativos por licencias de pesca que corresponderían a Argentina. Los estudios sobre hidrocarburos en la plataforma malvinense son motivo de disputa permanente.

Y está la Antártida. El Tratado Antártico de 1959 congela los reclamos de soberanía sobre el continente helado, pero ese congelamiento no es eterno. La Argentina tiene reclamos antárticos que se superponen con los británicos. Las Malvinas son la base de proyección más conveniente hacia la Antártida desde el Atlántico Sur. Quien tenga las Malvinas tendrá ventaja en cualquier eventual renegociación del Tratado Antártico.

Que el Reino Unido invierte anualmente sumas considerables en la militarización de las islas —con una base aérea de última generación, con misiles, con una fragata permanente— no es por amor a los tres mil isleños que habitan el archipiélago. Es por los recursos, por la posición estratégica, por la proyección hacia la Antártida, y por el símbolo que representan para una potencia que necesita demostrar que todavía tiene capacidad de proyección global.

El Reino Unido no está en Malvinas por los isleños. A Londres le interesan menos de un gramo de comino los "kelpers". Está en Malvinas por el Atlántico Sur, por la Antártida, por el petróleo, por la pesca, y por el orgullo de una potencia que sabe que cada territorio que abandona es un paso más hacia la irrelevancia global. Todo lo demás es narrativa.

La mirada desde Ushuaia: conclusiones finales

Ushuaia capital de Malvinas

El reclamo de soberanía sobre las Malvinas no es una nostalgia ni un capricho nacionalista (aunque yo me considere uno). Es la aplicación de principios de derecho internacional que el propio Reino Unido proclama cuando le conviene y suspende cuando no. Es el reconocimiento de que la conquista por la fuerza no genera título jurídico en el mundo moderno. Es la memoria de los jóvenes argentinos que murieron en las islas con valentía. Y es la conciencia geopolítica de que el Atlántico Sur y la Antártida son el futuro estratégico de Argentina, y que resignar la soberanía malvinense es resignar una parte central de ese futuro.

La vía es la diplomacia, la presión internacional, el trabajo permanente en los foros multilaterales, la alianza con los países que comparten el principio de que el colonialismo del siglo XIX no puede perpetuarse en el siglo XXI. No la guerra, que en 1982 demostró que la causa justa no alcanza cuando la conducción militar es una catástrofe.

Pero tampoco el abandono. Tampoco la resignación disfrazada de pragmatismo. Tampoco la decisión de que ya es demasiado complicado y que conviene normalizar las relaciones con el Reino Unido y no molestar más.

Malvinas es nuestra. Seguirá siéndolo. Y desde acá, desde Ushuaia, en el extremo sur del mundo, desde la ciudad que mira hacia las islas con la certeza de quien sabe lo que ve, ese reclamo no se negocia ni se abandona.

Las Malvinas son argentinas.

Las imágenes de este artículo, corresponden a publicaciones realizadas bajo licencia creative commons

— Fin del comunicado del capitán—

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POLÍTICA Y RUIBARBO

El primordio foliar emergente del ruibarbo

Generalmente no suelo dar opiniones sobre la política argentina, la política contingente de mi propio país. Pero hoy, mientras limpiaba los canteros donde tengo algunas plantas de ruibarbo, me vinieron muchas ideas a la cabeza. La Argentina vive un momento de crisis institucional de todo tipo, ya sea económico, social, cultural o incluso moral. Y si hay algo que me define es que no soy políticamente correcto: digo lo que pienso, aunque no guste.

Soy consciente de mis propios límites en cuanto al conocimiento técnico de la administración del Estado, no soy economista ni politólogo, apenas un ciudadano común y corriente. Pero al menos puedo decir que gracias a Dios no le debo nada a los gobiernos de turno. Tampoco a los anteriores. Siempre fui crítico para bien y para mal, tanto de Cristina como de Macri, de Alberto Fernández y, por supuesto, del gobierno de Javier Milei. Todos ellos diferentes en estilo, discurso y formas, pero con un mismo denominador común: la maldita mancha de la corrupción. Ese mal que parece enquistado en la política argentina como raíces profundas imposibles de arrancar.

Mientras sacaba las hierbas de los canteros de ruibarbo, pensaba en esa metáfora inevitable. Estas plantas, que llevan años creciendo, necesitan espacio, aire y nutrientes para desarrollarse bien. No toleran demasiado la competencia de lo que solemos llamar “malas hierbas”. Algunas son fáciles de quitar, apenas se tironean un poco y salen enteras. Pero otras, que ya se han acostumbrado al suelo fueguino, se vuelven duras, resistentes, casi imposibles de arrancar de raíz. Y entonces no queda otra que buscar el golpe justo, el azadazo preciso, para eliminarlas.

Así pasa con la política: la corrupción es esa maleza que se infiltra en todo, que roba los nutrientes de las raíces verdaderas, que asfixia a las plantas que deberían dar fruto. Y cada tanto hay que meter la azada, aunque uno se canse de repetir el trabajo. Porque si se deja estar, si uno se resigna, el ruibarbo termina debilitado.

Quizás como país estamos en ese punto. O aprendemos a dar el azadazo justo, a arrancar de raíz lo que nos hace daño, o la tierra misma se agota. Y ahí ya no habrá ruibarbo que florezca.

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UNA LUCHA QUE NO PUEDE CESAR

Vigilia en homenaje a Malvinas y los combatientes

Malvinas, un nombre que evoca dolor, orgullo y un profundo sentido de injusticia. Desde mi infancia, crecí escuchando historias sobre las islas, sobre la guerra que marcó a toda una generación, sobre los héroes que sacrificaron sus vidas en defensa de nuestra tierra. Pero a medida que los años pasan, la herida sigue abierta, el reclamo por nuestra soberanía sigue vigente, y las Malvinas siguen bajo la ocupación ilegal.

Es un nuevo año que pasa, pero el panorama no ha cambiado. Las islas siguen en manos extranjeras, bajo un extraño pabellón que ondea en su suelo como un recordatorio constante de nuestra perdida perla austral como reza su marcha. No hay avances en las negociaciones, todo parece estar estancado en un extraño y horrible momento de enfriamiento del reclamo por nuestros derechos como argentinos. Ahí es cuando digo que no importa los títulos de honor de nuestros representantes, sino que el interés por la patria sea lo que los movilice.

Me pregunto cómo es posible que en pleno siglo XXI todavía haya colonialismo en nuestro territorio. Cómo es posible que, después de tantos años, nuestra provincia más austral siga fragmentada y existan partes de ella que sigan siendo inaccesible para nosotros, sus verdaderos dueños. Cómo es posible que la memoria de los argentinos que dieron su vida defendiendo nuestras tierras se vea empañada por la falta de acción y la indiferencia de aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas.

Porque nuestra lucha por las Malvinas y el resto de islas del Atlántico Sur va mucho más allá de los metros cuadrados que ocupan. Es una cuestión de identidad, de soberanía, de justicia. Es el derecho de todo argentino a pisar libremente nuestro propio suelo, a sentirnos parte de una tierra que nos pertenece por derecho histórico y legal. Es la memoria de nuestros caídos, cuyo sacrificio no debe ser olvidado ni traicionado.

¡Por la gloria y el honor de ser parte de esta tierra, no puedo permitirme olvidar!

Así que hoy escribo esto, con el firme propósito de seguir adelante, de no rendirme ante la injusticia y la adversidad de las que hay un sector de la sociedad que nos quiere hacer cómplices. Pero sé que la batalla no será fácil. Hay poderosos intereses en juego, obstáculos políticos y “diplomáticos” que debemos enfrentar. Sin embargo, me niego a rendirme. Porque sé que la verdad está de nuestro lado, que la justicia prevalecerá y que algún día, las Malvinas volverán a ser argentinas.

Mientras tanto, me aferró a la esperanza, a la fuerza de mi pueblo, a la memoria de nuestros héroes. Porque sé que mientras haya argentinos dispuestos a luchar por lo que es justo y correcto, nunca estaremos verdaderamente solos. Y así, con el corazón lleno de orgullo y determinación, sigo adelante, en la eterna lucha por nuestras Malvinas, por nuestra patria, por nuestra soberanía.

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LA VERDADERA INDEPENDENCIA

Soñando con la verdadera independencia

Hoy, en el día de nuestra independencia, es una oportunidad perfecta para reflexionar sobre el significado de la verdadera libertad y soberanía para los argentinos. Anhelamos el día en que podamos ser libres en todos los aspectos de nuestras vidas y ejercer nuestra soberanía en su máximo esplendor. Quiero rendir homenaje a todos aquellos que a lo largo de nuestra historia han contribuido con su esfuerzo y dedicación a construir este país que llamamos nuestro hogar.

Sin embargo, antes de empezar a escribir, experimenté un contratiempo en mi barrio en Mar del Plata. Un corte de luz repentino, causado por la explosión de un transformador cercano a mi hogar, interrumpió mi intención de compartir mis pensamientos. Este incidente sirve como recordatorio de que, a pesar de los desafíos que enfrentamos, seguimos luchando por la verdadera independencia y por una Argentina próspera y autónoma.

El anhelo de verdadera independencia y soberanía:

En el Día de la Independencia, es natural que reflexionemos sobre nuestro deseo de ser verdaderamente libres y soberanos en todos los aspectos de nuestra vida. Soñamos con una Argentina en la que podamos tomar nuestras propias decisiones sin interferencias externas, tanto a nivel individual como colectivo. Anhelamos la independencia económica, política y cultural, en la que podamos desarrollarnos plenamente como país y como ciudadanos.

Rindiendo homenaje a los constructores de nuestra historia:

En este día especial, es importante honrar a aquellos hombres y mujeres que han dejado su huella en la construcción de nuestra nación. Desde los próceres de la independencia, como Manuel Belgrano y José de San Martín, hasta los luchadores de derechos civiles y sociales más recientes, todos ellos merecen nuestro reconocimiento y gratitud. Cada uno de ellos, a su manera, contribuyó a forjar los cimientos de nuestra identidad como argentinos y a luchar por nuestra libertad y justicia.

Es fundamental recordar que la independencia no se logra en un solo día, sino a lo largo de un arduo proceso histórico. Cada generación ha aportado su granito de arena para avanzar hacia una Argentina más libre y soberana. Hombres y mujeres valientes, intelectuales, artistas y líderes populares han dejado su legado, sus ideas y su coraje para impulsar el progreso de nuestra nación.

Obstáculos en el camino hacia la verdadera independencia:

A pesar de nuestros sueños y esfuerzos, el camino hacia la verdadera independencia no está exento de obstáculos. Enfrentamos desafíos económicos, sociales y políticos que ponen a prueba nuestra capacidad de autogobierno y nos hacen cuestionar la soberanía real que tenemos como país. Las crisis económicas, la dependencia de decisiones externas y la desigualdad persistente son solo algunos de los desafíos que debemos superar en nuestra búsqueda de la independencia plena.

También debemos reconocer que por ejemplo, hoy con lo de los cortes de luz, entre otros problemas en infraestructura que experimentamos en nuestras vidas diarias, son ejemplos de los desafíos cotidianos que enfrentamos. Estos incidentes ponen de manifiesto las deficiencias en nuestra infraestructura y servicios básicos, recordándonos la importancia de tener una Argentina autónoma y con la capacidad de brindar a sus ciudadanos condiciones de vida dignas y estables.

La importancia de la unidad y la participación ciudadana:

En nuestro camino hacia la verdadera independencia, la unidad y la participación ciudadana desempeñan un papel crucial. Debemos unirnos como argentinos, más allá de nuestras diferencias, y trabajar juntos hacia un objetivo común: una Argentina próspera, justa y soberana. Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en esta tarea, ya sea a través del compromiso cívico, la educación, el emprendimiento o la defensa de los derechos y valores que consideramos fundamentales.

La participación ciudadana es esencial para lograr cambios significativos en nuestra sociedad. Debemos involucrarnos activamente en la toma de decisiones, cuestionar las prácticas injustas y promover una cultura de transparencia y responsabilidad. Al unirnos como ciudadanos comprometidos, podemos superar los obstáculos en el camino hacia la verdadera independencia y trabajar juntos para alcanzar nuestro potencial como nación.

Palabras finales:

En el Día de la Independencia, recordemos nuestro anhelo de verdadera libertad y soberanía en todas las áreas de nuestra vida como argentinos. Rindamos homenaje a aquellos que han contribuido a construir nuestra historia y luchemos por superar los obstáculos en el camino hacia la independencia plena. Unámonos como hermanos y hermanas, trabajemos juntos y participemos activamente en la construcción de una Argentina libre, justa y soberana. A pesar de los los desafíos que enfrentamos, mantengamos vivo el espíritu de lucha y perseverancia que caracteriza a nuestra nación. En nuestras manos está el poder de hacer realidad nuestro sueño de una Argentina verdaderamente independiente. 

¡Feliz Día de la Independencia, y que sigamos trabajando para alcanzar la libertad y la soberanía que anhelamos!

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ORGULLOSAMENTE ARGENTINO, CHE


Hoy quiero tomarme un ratito para dedicar unas palabras y hablar de nuestra tierra querida, de este rincón del mundo lleno de encanto, cultura y esa chispa tan especial que nos caracteriza. Así que, agarren mate y prepárense para (ojalá) sentir el orgullo y la emoción que envuelve a Argentina en cada rincón.

Llegó el 25 de mayo, fecha que celebramos con tanto cariño, es una conmemoración histórica en la que recordamos la Revolución de Mayo de 1810, un acontecimiento que marcó un punto de inflexión en nuestra lucha por la independencia y nos abrió las puertas hacia un futuro de libertad y autogobierno.

Argentina, mi país querido, es una tierra de contrastes y diversidad. Desde las majestuosas montañas de la cordillera de los Andes hasta las llanuras interminables de la Pampa, pasando por las cataratas del Iguazú, los rinconcitos del norte, las aguas del Atlántico y los paisajes infinitos de la Patagonia, cada rincón tiene algo especial que ofrecer. ¡Cuánta belleza Dios nos ha regalado!

Pero la grandeza de Argentina no solo se encuentra en sus paisajes deslumbrantes, sino también en su gente. En nosotros los orgullosos argentinos. Nos caracterizamos por ser cálidos, amables y llenos de pasión en todo lo que hacemos. Nuestro amor en general por el fútbol, el tango, los alfajores, el dulce de leche y el asado (sí, aunque yo no coma carne) es tan fuerte como nuestro deseo de luchar por lo que creemos justo.

Y cómo no mencionar nuestras costumbres únicas y nuestras expresiones tan propias. Ese "che" que utilizamos para llamar la atención de alguien, el mate que compartimos con amigos y familiares en cada reunión, y ese amor incondicional por ser tan exagerados, que nos hace destacar en el arte del chamuyo. ¡Somos unos campeones del mundo en eso!

En cada rincón de nuestra amada Argentina, se despliegan como flores los vínculos con nuestras tradiciones más arraigadas. Como los hilos que tejen un tapiz ancestral, nuestras raíces se mezclan con la pasión y el orgullo que palpita en cada celebración. Desde las peñas folclóricas, donde el alma se desata al compás del bombo y la guitarra, hasta los desfiles gauchescos que despliegan la majestuosidad de nuestras boleadoras y ponchos. En cada encuentro honramos la esencia de nuestra herencia y recordamos con emoción de dónde venimos.

Las famosas peñas nos invitan a danzar al son de nuestras raíces más profundas. Con cada zapateo y grito de júbilo, nos sumergimos en la esencia misma de nuestra identidad cultural. La música y el canto se convierten en puentes que nos conectan con aquellos tiempos lejanos, donde los sueños de nuestros antepasados germinaron en la tierra fértil de nuestra patria amada.

Argentina, tierra bendecida, cuna de historias entrelazadas y corazones que laten al compás de la diversidad. Somos una nación tejida con los hilos de la migración, donde inmigrantes de todos los rincones del mundo han dejado su huella en el lienzo de nuestra cultura. En cada esquina, en cada plato, en cada rincón de nuestra identidad, se respira un aroma cautivador de tradiciones y sabores que nos enriquecen.

La danza de culturas y la fusión de tradiciones han dado forma a un crisol de experiencias únicas que resplandecen en cada uno de nosotros. Somos los descendientes de aquellos valientes que emprendieron un viaje incierto en busca de nuevos horizontes, trascendiendo fronteras y abrazando la promesa de un futuro mejor. Sus historias, sus sueños y sus raíces se entrelazan con nuestras propias vivencias, creando una sinfonía de voces que resuenan en los corazones de cada argentino.

Pero en nuestra vasta tierra, también encontramos las comunidades autóctonas, guardianas de antiguos legados que perduran en el tiempo. Ellas, con su sabiduría ancestral y su conexión profunda con la tierra, nos enseñan el valor de la armonía con la naturaleza y la importancia de preservar nuestras raíces más profundas. En su presencia, encontramos la esencia misma de Argentina, un país que celebra la diversidad en todas sus formas.

Desde las coloridas telas de los pueblos originarios hasta el ritmo apasionado del tango que nos envuelve, cada expresión artística y cultural nos sumerge en un universo de sensaciones y emociones. Somos un país vibrante, donde las voces de nuestros poetas y escritores, como un río caudaloso, fluyen con la dulzura de las palabras y la intensidad de los sentimientos. Y hablando de esto, cómo no mencionar a nuestros íconos culturales, esas figuras que nos representan en el mundo entero. Nuestros artistas, músicos, escritores y deportistas nos llenan de orgullo y nos recuerdan que en Argentina, el talento y la creatividad están en cada esquina. 

En cada rincón de nuestra amada Argentina, encontramos científicos y pensadores que desafían los límites y nos inspiran a soñar en grande. Su dedicación, su pasión y su excelencia nos recuerdan que no hay fronteras para el talento y que podemos alcanzar alturas inimaginables cuando creemos en nosotros mismos.

¡Enorgullécete, argentino, de estos talentos que nos representan en el mundo entero!

Pero sabemos y somos conscientes que no todo es color de rosa en nuestra querida Argentina. Tenemos desafíos y dificultades por enfrentar, como cualquier otro país. Sin embargo, somos un pueblo resiliente y valiente que siempre se levanta ante las adversidades y que estoy seguro, se volverá a levantar. Enfrentamos desafíos económicos, sociales y políticos, pero no nos dejamos amedrentar por las dificultades. Sabemos como pueblo que los obstáculos son oportunidades disfrazadas, invitaciones a reinventarnos y a encontrar soluciones creativas. En cada rincón de nuestra tierra, se encuentran semillas de esperanza que germinan en proyectos innovadores, en movimientos sociales que luchan por la igualdad.

Somos un pueblo que no se rinde, que no se deja vencer por las circunstancias adversas. Nuestra historia está marcada por momentos de superación, donde hemos demostrado una y otra vez nuestra capacidad para reinventarnos y construir un futuro mejor. En cada cicatriz que llevamos, encontramos el testimonio de nuestra fuerza y resistencia.

En este 25 de mayo, más que nunca, quiero brindar por nuestra querida Argentina. Brindo por la pasión que nos mueve, por nuestras bellezas naturales, por nuestras costumbres y tradiciones, y por nuestra capacidad de superar cualquier obstáculo que se presente en nuestro camino. Brindemos todos juntos por nuestra historia, por nuestros logros y por los desafíos que aún tenemos por delante. Brindemos por nuestra pasión desbordante y por el amor incondicional que sentimos por este país maravilloso.

Recordemos nuestra historia, honremos nuestras tradiciones y celebremos con el alma y el corazón. ¡Argentina, te queremos y te llevamos en cada latido! ¡Viva Argentina, carajo! Que tu esencia siga vibrando en nuestros corazones y que siempre podamos decir con orgullo: "Soy argentino/a y amo mi país".

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A LOS HÉROES DE MALVINAS

 

A nuestros héroes, los veteranos y caídos en el conflicto de Malvinas y el Atlántico Sur.

Hoy no es un día más en el calendario de los argentinos así que, decidí escribir estas pequeñas palabras para expresar mi más profundo amor y el mayor agradecimiento hacia todos ustedes, los que están y los que ya partieron de este mundo. Sé que probablemente no me conozcan, aunque yo a varios de ustedes sí que lo he hecho. 

Desde mi infancia, me crie en la hermosa capital de nuestras islas del Atlántico sur (Ushuaia) por lo cual todo lo que rodea al tema Malvinas y a la usurpación de nuestros territorios por una potencial colonizadora extranjera, se siente de una manera muy especial en nosotros. Me acuerdo todavía, cuando siendo pequeño, pasaba la vigilia del 2 de abril a la intemperie del clima fueguino para imaginar, aunque solo sea una fracción de lo mínimo, todo el sacrificio que pasaron ustedes en todos los días que duró el conflicto luchando por cada metro del difícil terreno de Malvinas, bajo el frío helado de nuestro sur, el viento y la lluvia. Estando lejos de sus hogares, de sus familias y de todo a lo que estaban acostumbrados. 

Lamentablemente también, puedo imaginar el dolor, el miedo y la tristeza que sintieron muchos de ustedes que, aunque muchos pudieron retornar a sus hogares, no encontraron el recibimiento que merecían por parte de gran parte de la sociedad.

Toda mi vida, he escuchado hablar de las Malvinas y de las causas que llegaron al conflicto de 1982 y sus consecuencias. Con el paso de los años, comencé a comprender mejor lo que ocurrió y a valorar la enorme importancia que todas estas islas del Atlántico Sur tienen para nuestro país y para nuestra historia. La sangre derramada de nuestros soldados todavía reclama justicia ante la ilegalidad del usurpador pirata.

Ustedes veteranos y caídos, hombres y mujeres que realmente lo dieron todo frente a todas las adversidades y la tragedia que trae un conflicto que de ya partida era muy desigual. Muchos inclusive dieron hasta el último aliento por defender la integridad territorial de nuestro país y la legítima e irrenunciable soberanía que la República Argentina tiene sobre las Islas Malvinas y las del Atlántico Sur. Ustedes son nuestros héroes y siempre serán recordados y honrados por todos los que amamos nuestra hermosa Argentina. Ustedes representan lo mejor de nuestro país: la valentía, el coraje, el amor a la patria y la lucha por lo que tenemos la firme convicción, nos pertenece como nación. Sé que la guerra dejó heridas profundas en todos ustedes, tanto físicas como emocionales. Sé que hay recuerdos dolorosos que todavía los persiguen. Sé que a muchos las instituciones del estado no le han pagado por su generosidad con la patria, pero quiero que sepan que no están solos. Hay una generación de jóvenes como yo, que aunque ni siquiera habíamos nacido en tiempos del conflicto, los admiramos y los respetamos profundamente. Hemos aprendido de su ejemplo y nos sentimos enormemente agradecidos por lo que hicieron por nosotros, por nuestros padres y por las generaciones que vendrán. 

Todos ustedes son hoy, los guardianes de nuestra historia, de nuestra identidad como argentinos y de nuestros valores y todos nosotros nos comprometemos a mantener viva por siempre la Causa Malvinas hasta que las islas retornen a nosotros, los legítimos dueños de nuestra perla austral. Todos los argentinos que amamos a nuestro país, estamos bajo la misma bandera que nos une y es la de la soberanía nacional, sin importar la raza, el género, la religión, la condición social o las ideologías individuales de cada uno.

¡Las Islas Malvinas, las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur fueron, son y serán ARGENTINAS!

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UN MUNDIAL PARA NO VER



Mucho se habla y poco se hace con respecto al entorno de la actual copa mundial de la FIFA que se está jugando en Catar. Un claro ejemplo es lo idiotizada que están muchas personas.

Nos jactamos cómo sociedad civilizada de promover los derechos humanos, los derechos que tienen las personas por el simple hecho de serlo, sin distinción de origen étnico, generó, orientación sexual, etc.

¿Cómo es posible que un evento deportivo que debería ser un ejemplo de fraternidad y promotor de la tolerancia se esté jugando en un país cómo Catar? ¿Cómo es posible qué muchos con su silencio sean cómplices de las aberrantes situaciones con una cultura cómo la de un país así (que no es el único por cierto)?

Desde mucho antes de la inauguración del mundial se saben de los escándalos de corrupción que salpican a la FIFA con la elección de las sedes, pero esto en realidad no me sorprende mucho. Una corporación multinacional que ha hecho de un hermoso deporte cómo es el fútbol, un gigantesco negociado.

El país anfitrión de la actual copa del mundo es la más clara demostración del poder económico y de la división de clases. En verdad por aquellas tierras o eres millonario o estás en la miseria total. Un gobierno y una forma de ver la vida que, para poder intentar organizar la infraestructura de todo lo que necesita un evento deportivo de grandes dimensiones, ha promovido lo más parecido a la esclavitud que he escuchado en el mundo moderno, la mayoría con trabajadores importados y donde nadie te va a defender de las barbaridades que hacen.

Catar, al igual que tantos otros países donde la religión tiene un peso fundamental dentro de la toma de decisiones, es uno de esos lugares donde las mujeres son igual a una "cosa", un "objeto" que se mueve solo porque la lleva el viento. O sea, no hay diferencias entre una mujer y una hoja que se cae de un árbol.
 
Es terrible y verdaderamente lamentable cómo muchas de ellas, que se autodenominan defensoras de los derechos de la mujer contra la opresión de la barbarie del machismo (visto en periodistas argentinas) ahora te estén mostrando el estilo de vida de lujo, que se lleva en las partes millonarios de Doha, pero hagan silencio stampa cuando es bien conocido la situación de las mujeres en esa clase de países y alaben la "cultura" catarí. Es bien sabido que una mujer que es violada en los países donde el islam es la religión de estado es condenada a latigazos y prisión por haber tenido sexo fuera del matrimonio (puedes ver una nota relacionada aquí) ¿Acaso esta aberración no nos hace sentir nada? ¿Y qué tal las minorías con diversas orientaciones sexuales que son condenadas a muerte?

Voy, pero no comparto. La doble moral del primer mundo.

Una de las cosas más absurdas que he visto, fueron los métodos de protesta de los países "ejemplos" que tanta admiración generan por estas tierras. Desde el (intento de) diseño de las camisetas de algunos países, la pose tapándose la boca de una selección en la foto grupal antes de su partido o las grabaciones para la tribuna desde una cuenta de alguna red social. La plata mueve al mundo y ninguna de las federaciones que integran la FIFA se levantó en serio. En una expresión bien nuestra, digamos que solo se ha visto lo "vende humo" y cómplices que son. Desde el que se pone la bandera LGBT en el pecho, pero le hace el juego a la mafia de la FIFA hasta el que dice que hay que amoldarse a las reglas del dueño de casa. Igual, siempre fue así ¿Cuántos protestaron por Argentina 1978? 

Aquí en Argentina, uno prende la televisión pública (una empresa que vos si sos argentino o residente en nuestro país y yo, pagamos con nuestros impuestos) y no se puede creer el movimiento y gastadero de dinero detrás que hay solo para venderte el circo del mundial. Y no es solo una crítica al oficialismo, porque en mi propia ciudad (Mar del Plata), donde lidera un gobierno de la oposición, también se colgaron del entrenamiento momentáneo con una pantalla gigante en la playa, mientras mucha gente no tiene para llagar a fin de mes.

No me quiero ir por las ramas y hablar de las absurdas cosas que se hacen localmente (ya les llegará el tiempo).

Durante el primer partido de Argentina todo el comentario era lo que había sucedido frente a Arabia Saudita (otro que Catar). Se hablaba de la vergüenza de haber perdido con un equipo sin tradición futbolística cómo Brasil o Alemania, pero la verdad que un papelón no es una derrota meramente deportiva. Vergüenza es que se esté avalando con las acciones haciendo la vista ciega o los oídos sordos a lo que realmente importa.

Me gusta como a muchos argentinos el fútbol, pero yo no puedo consumir este mundial que se hace un lugar que va en contra de todo lo que creo.
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VIOLENCIA EN LAS INSTITUCIONES ARGENTINAS


La violencia es un flagelo que azota a todas las sociedades, sin distinción de raza, género, religión o pensamiento político. En la Argentina, lamentablemente, se ha convertido en una práctica cada vez más común, y en muchos casos, ha sido utilizada como herramienta de lucha política, lo cual es inadmisible en un país democrático.

En los últimos años, hemos sido testigos de una continua pérdida de valor de las instituciones democráticas en nuestro país. Esta situación se ha visto fomentada por los sistemas políticos que han gobernado la Argentina, los cuales no han demostrado la madurez necesaria para poder convivir y dialogar en el marco del respeto a las normas jurídicas del país. En lugar de buscar soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad, han optado por utilizar la violencia verbal y física para imponer sus posturas, generando un clima de tensión y polarización que ha afectado gravemente el bienestar de la población.

Además, el sistema judicial argentino tampoco ha cumplido con su rol de proteger los derechos y garantías constitucionales de la población. Muchas veces, se ha hecho la vista gorda ante evidentes actos delictivos, lo que ha generado un sentimiento de impunidad en la sociedad. Esto ha generado una falta de confianza en las instituciones judiciales, lo que ha llevado a muchos ciudadanos a tomar la justicia por su cuenta, aumentando aún más el clima de violencia en el país.

Ante esta situación, es necesario que todas las personas que tienen alguna responsabilidad de cara a la gente, se pongan realmente a hacer su trabajo. Esto incluye no solo a los políticos y al sistema judicial, sino también a los medios de comunicación y a la sociedad en general. La violencia ni ha sido, ni será jamás la solución a los problemas argentinos. Por el contrario, solo generará más problemas y dificultades para el futuro del país.

Es fundamental que se generen espacios de diálogo y de debate, donde se puedan escuchar todas las voces y posturas, y donde se puedan buscar soluciones consensuadas para los problemas que aquejan a la sociedad. Esto implica un compromiso de todos los actores políticos, sociales y económicos del país, quienes deben trabajar juntos para construir una sociedad más justa, libre y democrática.

Resulta importante destacar, en este sentido, la educación como herramienta para fomentar valores como el respeto, la tolerancia y el diálogo. La educación debe ser una prioridad para todos los gobiernos, y debe ser vista como una inversión a largo plazo para el desarrollo del país. Si queremos construir una sociedad más justa y libre de violencia, debemos empezar por educar a nuestros niños y jóvenes en valores democráticos y en el respeto por los derechos y las libertades fundamentales de las personas.

En definitiva, la violencia es un problema que nos afecta a todos, y que debemos combatir juntos como sociedad. Debemos trabajar para fortalecer las instituciones democráticas y para generar espacios de diálogo y de debate donde se puedan buscar soluciones consensuadas a los problemas que nos aquejan. Solo de esta manera podremos construir una sociedad más justa, libre y democrática, en la que prevalezca el respeto a los derechos y las libertades fundamentales de todas las personas.

Para ser honesto, el problema de la violencia no es exclusivo de Argentina, sino que es una problemática global que afecta a todas las sociedades. Sin embargo, cada país debe buscar soluciones adaptadas a su realidad y a sus necesidades específicas. En el caso de Argentina, es fundamental que se trabaje en la construcción de instituciones sólidas y confiables, que sean capaces de garantizar el respeto a las normas jurídicas y a los derechos de las personas.

En este sentido, es necesario que se realice una profunda reforma del sistema judicial argentino, que permita garantizar la independencia y la imparcialidad de los jueces y fiscales, y que asegure una justicia rápida y efectiva para todos los ciudadanos. Además, es necesario que se fomente la transparencia y la participación ciudadana en el proceso judicial, de manera que se fortalezca la confianza en las instituciones judiciales.

Por otro lado, es importante que se fomente una cultura de respeto y tolerancia en la sociedad argentina, que permita el diálogo y el intercambio de ideas, y que evite la confrontación y la violencia. En este sentido, los medios de comunicación tienen un papel fundamental, ya que son los encargados de informar a la sociedad y de fomentar el debate público. Es importante que se promueva una comunicación responsable, que no fomente la polarización y que respete la diversidad de opiniones y pensamientos.

Finalmente, es importante que se trabaje en la construcción de una sociedad más inclusiva y solidaria, en la que se promueva la igualdad de oportunidades y se luche contra la exclusión y la discriminación. Esto implica un compromiso de todos los actores sociales, desde los políticos y los empresarios, hasta los líderes comunitarios y los ciudadanos de a pie. Sólo de esta manera podremos construir una sociedad más justa y libre de violencia, en la que prevalezca el respeto a los derechos y las libertades fundamentales de todas las personas.
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DE TRAICIONES HABLAMOS


Alberto Fernández dijo tiempo atrás que Argentina sería la puerta de entrada de Rusia a América Latina. Hoy Argentina vota en contra de Rusia en el ámbito de la ONU y a pedido de los Estados Unidos.

En mi caso personal, agradezco el apoyo continuo de la Federación Rusa en la defensa continua de los intereses argentinos.

Recuerden que nuestros gobernantes siempre han sido tibios y alguna vez también traicionamos a Perú.

Esto no tiene nada que ver con la defensa de los derechos humanos. Es solo una presión de los países occidentales para alinearnos a sus lamentables intereses 

Lo de Serbia y Hungría es lamentable también. Ambos países fuertemente coercionados por los Estados Unidos y la Unión Europea.

Les cuento algo para que reflexionemos en qué clase de mundo vivimos: Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita (entre otros) forman parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU
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40 AÑOS DE MALVINAS

Plazoleta Islas Malvinas en Comandante Luis Piedrabuena, Santa Cruz

Hoy los argentinos conmemoramos un nuevo aniversario de la gesta de Malvinas, recordando a cada uno de los caídos.

Este 2 de abril me encontré viajando desde Ushuaia a Mar del Plata en auto y recibí las 0 horas del día en Puerto San Julián, en la provincia de Santa Cruz. En este contexto, y desde esta hermosa ciudad, se hizo un tributo a los soldados argentinos y los veteranos que participaron en esta guerra y que lucharon con valentía y sacrificio por la soberanía de nuestro país.

La Guerra de Malvinas fue un momento triste y doloroso en la historia de Argentina, pero también fue una oportunidad para demostrar la fuerza y el coraje de nuestro pueblo y de nuestras fuerzas armadas. Es importante recordar a los hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas por la patria y honrar su memoria.

Memorial Islas Malvinas en Puerto San Julián, Santa Cruz

Memorial Islas Malvinas en Puerto San Julián, Santa Cruz

Es importante recordar que estos hombres y mujeres fueron enviados a una guerra sin la preparación ni el equipamiento adecuados, y que lucharon con coraje y honor por su patria. Muchos de ellos sufrieron heridas, enfermedades y traumas que los acompañarán por el resto de sus vidas.

Hoy, a 40 años de aquellos acontecimientos, es importante que el Estado y la sociedad en su conjunto brinden todo el apoyo y reconocimiento que nuestros héroes merecen. Además, es necesario continuar la búsqueda de los soldados argentinos que aún se encuentran desaparecidos en las islas Malvinas. Debemos hacer todo lo posible para encontrarlos y brindarles a sus familias la verdad y la justicia que merecen.

La Guerra de Malvinas fue una lucha por la soberanía argentina, y este concepto debemos tenerlo siempre muy en claro. La soberanía es la capacidad de un país para tomar decisiones sobre su territorio y su gente, y es un derecho fundamental que debe ser respetado por todas las naciones de manera innegociable e irrenunciable.

Cuando inició el 02 de abril se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. Este momento los puedes ver aquí

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SALUDANDO AL ENEMIGO

Joe Biden, "presidente electo" de los Estados Unidos

Sí hay algo que nos representa como pueblo a los argentinos, es nuestra incondicional característica de falta de memoria explotada al máximo en nuestra clase política sin distinción doctrinaria

Instantes después de que un par de medios de comunicación (de esos hegemónicos) en los Estados Unidos hayan autoproclamado como soberano presidente, en las siempre "ejemplares" y "transparentes" elecciones del "país de la libertad" y la "democracia" -me cansé de las comillas-, los líderes de las naciones libres del mundo, salvo puntuales excepciones se arrodillaron ante el mister para rendirle las pleitesías protocolares correspondientes... lamerle la suela de los zapatos en otras palabras. Por supuesto, desde nuestras tierras no se quedaron atrás y los "líderes" políticos de ambos lados de la famosa grieta salieron a festejar el triunfo del candidato demócrata, que de democracia tiene lo que Obama como Nobel de la paz:
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QUIEN COME CALAFATES...


Cuenta un famoso refrán regional que: El que prueba calafate, vuelve a la Patagonia ¡Y si que es cierta! Cuando yo era niño vivía en el Barrio Almirante Storni de la Armada Argentina (popularmente llamado “200 viviendas”). Todos los años, en los últimos días del verano, caminábamos bordeando el arroyo Buena Esperanza hacia la avenida Magallanes que en aquellos años de inicio de la década del 90 era de ripio y no se parecía nada a lo que es en la actualidad. Llegar hasta allí y subir por la Marcos Zar era como ir a la mismísima nada salvo porque era, el paraíso para nosotros que amamos el calafate, decenas de estos arbustos estaban por doquier para empacharnos de estas fabulosas bayas que nos endulzaba la vida

¿Qué es el calafate?

Científicamente llamado Berberis microphylla / buxifolia / heterophylla es un arbusto endémico y silvestre originario de la Patagonia Argentino-Chilena de no más de un metro y medio de altura y muchísimas (¡Si muchísimas!) espinas. De octubre a enero da unas pequeñas flores color amarillo y después, produce sus pequeñas bayas (1 centímetro aproximadamente) que son comestibles (y deliciosas) de color azul violáceo. Con sus frutos se realizan varios productos como dulces, helados, cervezas saborizadas, licores, etc.


Las leyendas de un fruto ancestral

Cuando estudiaba en la escuela primaria (la 30 “Oshovia”) y aprendíamos sobre las tradiciones de los pueblos originarios de la Patagonia, esta era la leyenda que nos enseñaban:

“La doncella Calafate”

Según la mitología del pueblo tehuelche, Calafate era una hermosa joven de ojos dorados e hija del jefe de la tribu que se enamoró de un muchacho de origen selknam, que en su paso a convertirse de kloketen a hombre realizaba el tradicional ritual conocido como Hain (Una variante a la leyenda, es aquella en la que Calafate era una joven selknam y que el joven era un prisionero yagán atrapado en las costas de Tierra del Fuego). La relación entre ambas tribus no era buena y el padre de Calafate, se oponía rotundamente al matrimonio entre los dos jóvenes que ya planeaban escapar juntos. Para romper la relación entre los enamorados, el jefe de la tribu consultó con el chamán quien transformó a la joven en una planta espinosa con flores doradas como sus ojos, nunca antes vista en esas tierras.

Por muchos meses el joven vagó por la estepa buscando a su amada Calafate y debido a su gran amor, se dice que los espíritus apiadándose de él, lo ayudaron convirtiéndolo en una pequeña y rápida ave con el fin de recorrer con más velocidad las grandes extensiones patagónicas.

Así pasó el invierno y la primavera, hasta que un día de verano, el joven pájaro se posó en un arbusto que no había visto antes y al probar sus frutos se dio cuenta de que eran tan dulces como el corazón de Calafate logrando reencontrarse después de años de búsqueda.

En la Patagonia todavía se sigue contando que el embrujo de Calafate permanece en los frutos de este típico arbusto y quien los coma una vez, siempre regresará al lugar donde lo hizo por eso la leyenda dice: "El que come Calafate, siempre vuelve por más".



Otra leyenda al respecto cuenta:

La historia de Koonex, la anciana curandera


Se dice que en el otoño, los bosques de ñires, lengas y coihues comienzan a tomar un tono característico, anunciando el cambio de estación, mismo que produce un efecto multicolor en los árboles, que va desde un rojo intenso, dorado y anaranjado, transformación que se repite año tras año desde hace miles de años.

En este paisaje vivían los tehuelches, quienes se dice eran los dueños originarios de la tierra, mismos que al llegar el invierno comenzaban a emigrar a pie hacia el norte buscando alimento y abrigo, debido a que el frío no era tan intenso.

En relación con estas migraciones, la tradición patagónica conserva la leyenda de que cierta vez Koonex, una anciana curandera de la tribu, quien debido a su edad no podía caminar más, comprendiendo la ley natural de la vida decide cumplir con su destino.

Posterior a dicha situación, las mujeres de la tribu comenzaron a confeccionar un toldo con pieles de guanaco añadiendo abundante leña y alimentos.

Luego de la despedida, Koonex, fijó sus ojos cansados a la distancia hasta que la gente de su tribu desapareció tras el filo de una meseta, comenzando a sentir el silencio como un sopor envolvente y pesado después de ver que todos los seres vivientes se alejaban dejándola morir mientras el cielo multicolor se extinguía lentamente.

Así pues, pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta la llegada de la primavera que trajo consigo los primeros brotes, las golondrinas, los chorlos, los alegres chingolos y las charlatanas cotorras en aquellas letras.

Cuenta la leyenda que luego del retorno de la vida y sobre los cueros del toldo de Koonex, se posó una bandada de aves que cantaban alegremente.

De pronto, se escuchó la voz de la vieja curandera que, desde el interior del toldo, las reprendía por haberla dejado sola durante el riguroso y largo invierno.

Un chingolito, tras la sorpresa, le respondió: - nos fuimos porque en otoño el alimento escasea, además de que en el invierno no tenemos lugar en donde abrigarnos- , -Los comprendo-, respondió Koonex, -por eso, a partir de hoy tendrán alimento en otoño y abrigo en invierno, y así nunca me quedaré sola- luego la anciana calló.

Luego de que una ráfaga de viento volteara los cueros del toldo de donde aquella voz apareció, en lugar de Koonex se hallaba un hermoso arbusto espinoso, de perfumadas flores amarillas.

Al llegar el verano, las delicadas flores se hicieron fruto y antes del otoño comenzaron a madurar tomando un color adulzorado de un exquisito sabor y alto valor alimentario.

Cuenta la leyenda que desde aquel día algunas aves no volvieron a emigrar más y las que se habían marchado, al enterarse de la noticia, regresaron para probar el nuevo y delicioso fruto del que quedaron prendados.

Fue así que los tehuelches, luego de regresar también lo probaron, adoptándolo para siempre y así desparramaron las semillas en toda la región adoptando la leyenda conocida hasta hoy como "el que come Calafate, siempre vuelve."
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NO A LAS SALMONERAS EN EL BEAGLE

Protejamos el Canal Beagle
Argentina - Chile
Hoy quería hacer una entrada especial, esta no es la clase de publicación de viaje tradicional, más bien es un llamado de atención. Un grito electrónico por la protección de nuestra isla contra los intereses, que desde afuera y sin importarles nada, nos quieren vender como una salvación económica a corto plazo.

Las imágenes y publicaciones referidas al tema del salmón industrializado hablan por si solas. Solo por nombrar un ejemplo se puede leer estas notas sobre un mismo hecho en las publicaciones de diversos portales:

"Una fuga de casi 700.000 salmones en Chile alarma a los ambientalistas" (New York Times)

"Salmones en fuga: las consecuencias del escape de casi 700 mil salmones en el mar de Chile" (Mongabay)


"La industria del salmón y sus consecuencias en la Patagonia" (Compromiso empresarial)

Es por eso que desde este rincón, quiero expresar mi total rechazo a la posibilidad de que se instalen salmoneras en el Canal Beagle. No se puede, en nombre del "progreso" destruir nuestras propias bellezas naturales. Fomentemos el cuidado al medio ambiente, nuestro entorno paradisíaco y un turismo responsable y sustentable. 

Me sumo a las voces de los proteccionistas tanto de Argentina como de Chile para decirle ¡NO A LA INSTALACIÓN DE SALMONERAS EN EL CANAL BEAGLE!



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LA GRIETA Y LA DIETA DEL PARLAMENTO


Se terminó la grieta amigos argentinos. En el congreso nacional todos se pusieron de acuerdo. Sean de derecha o de izquierda. representantes de arriba o sean de abajo. Sean populares y nacionales o sean gorilas. Todos. ABSOLUTAMENTE TODOS tienen incrementada la dieta o sea que, por no hacer NADA de lo que deberían hacer, se llevan una jugosa suma a casa todos los meses. ¿El "Cambio"? No seamos ingenuos. No nos ilusionemos con globos de colores. No creamos en "revoluciones de la alegría". En Argentina nada ha cambiado lamentablemente y sí lo ha hecho ha sido para peor. La corrupción que juraron combatir sigue intacta. Las promesas que con bombos y platillos se anunciaba en campaña a diestra y siniestra fueron incumpliéndose una a una. Nos han mentido descaramente y lo vienen haciendo de forma sistemática e inescrupulosa.

¿Habrá alguno que no acepte la suba? La verdad que no lo creo aunque tengo una mínima esperanza de que, en alguno de nuestros representantes, haya un poco (¡Aunque sea un poquito!) de sentido común.
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LAS ISLAS MALVINAS SON ARGENTINAS

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ESTE SOY YO

Mariano Romero Arregin

¡Hola! Mi nombre es Mariano — Un hombre común y corriente escribiendo sobra la vida. Soy primeramente CRISTIANO. En lo profesional, soy productor agrícola, promotor agroecológico en un cultivar de frutas finas, fermentista y cuando tengo algo de tiempo (y dinero especialmente) un viajero amateur. Además, aquí estoy compartiendo mis historias familiares, mi amor por la vida en los cultivos, la naturaleza, la tecnología y el ocio en general.

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