Mostrando las entradas con la etiqueta Derechos Humanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Derechos Humanos. Mostrar todas las entradas

LA LOCURA OCCIDENTAL Y LA EXCURSIÓN DE TRUMP

Agresión anglosionista sobre Irán

Sobre la guerra contra Irán, el derecho internacional y las preguntas que nadie responde

«Excursión». Esa fue la palabra que eligió Donald Trump para describir la Operación Epic Fury: la campaña militar conjunta con Israel lanzada el 28 de febrero de 2026 sobre Irán, en la que más de 7.000 objetivos fueron alcanzados en tres semanas, en la que murieron más de 3.100 personas según la ONG iraní HRANA —más de 1.350 de ellas civiles—, en la que una escuela primaria de niñas en Minab fue alcanzada el primer día de operaciones, y en la que el líder supremo Ayatolá Alí Jamenei fue asesinado en un ataque sobre su despacho en Teherán. Todo eso reducido a la banalidad de una excursión. Una salida de fin de semana. Un paseo.

El lenguaje no es inocente en política. Quien elige las palabras elige también el marco dentro del cual se va a leer la realidad. Llamar excursión a una guerra de esta escala es una operación de ingeniería semántica que ya analizamos en estas páginas cuando hablamos del eufemismo en el debate sobre el aborto: el mismo mecanismo, aplicado ahora a la destrucción de un Estado soberano. La misma lógica que convierte «asesinato» en «interrupción voluntaria del embarazo» convierte una guerra de agresión en una excursión bien gestionada.

Quiero hacer en este post las preguntas que el discurso oficial evita, examinar los hechos que los medios hegemónicos presentan de manera sesgada, y analizar las consecuencias geopolíticas de lo que está ocurriendo. Sin simpatías ideológicas —ni por el gobierno de los ayatolás ni por el régimen de Netanyahu ni por la administración Trump— y con foco en el único criterio que me parece objetivamente válido para juzgar estas acciones: el derecho internacional.

Los hechos: Lo que ocurrió y cómo se lo llamó

La destrucción en el colegio irani

Los hechos documentados son los siguientes. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados sobre Irán mientras representantes de ambos países negociaban indirectamente con Teherán sobre el programa nuclear iraní. La operación estadounidense fue denominada Epic Fury; la israelí, Roaring Lion. En el primer día de operaciones, un ataque alcanzó la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en la ciudad de Minab. El Pentágono dijo estar «revisando los informes» sobre bajas civiles.

Los hechos documentados son los siguientes. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados sobre Irán mientras representantes de ambos países negociaban indirectamente con Teherán sobre el programa nuclear iraní. La operación estadounidense fue denominada Epic Fury; la israelí, Roaring Lion. En el primer día de operaciones, un ataque alcanzó la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en la ciudad de Minab. El Pentágono dijo estar «revisando los informes» sobre bajas civiles.

En las semanas siguientes, los ataques alcanzaron instalaciones nucleares, bases militares, ministerios, el edificio del parlamento iraní, la sede de la televisión estatal, y el complejo donde se encontraba Jamenei. Al momento de escribir este artículo, las cifras documentadas por fuentes independientes superan los 3.100 muertos en Irán —incluyendo más de 1.350 civiles— y más de 18.500 heridos. En paralelo, Irán respondió con ataques de misiles y drones sobre Israel, bases estadounidenses en Bahréin, Qatar, Kuwait, Iraq, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, causando también bajas en esos países, incluyendo 13 soldados estadounidenses muertos confirmados por el Pentágono.

Trump describió la operación como «adelantada respecto del cronograma» y declaró que Irán ya no tenía «ni armada, ni fuerza aérea, ni radares». Llamó al asesinato de Jamenei «la mayor oportunidad» para el pueblo iraní. Al ser consultado sobre las bajas estadounidenses, dijo que «probablemente habrá más». Todo esto en el registro de gestor satisfecho, no de estadista que asume la gravedad de una guerra.

Una escuela primaria de niñas fue alcanzada el primer día de operaciones. El Pentágono dijo estar revisando los informes. El presidente llamó al conjunto de la operación una «excursión».

La ilicitud del ataque: Preguntas de derecho internacional

Consejo de Seguridad de la ONU

La primera pregunta que hay que hacer, y que sorprendentemente pocos medios occidentales formulan con claridad, es si este ataque es legal bajo el derecho internacional. La respuesta, examinada con los instrumentos que el propio Occidente construyó para regular el uso de la fuerza entre Estados, es *negativa* en aspectos centrales.

El Artículo 2.4 de la Carta de la ONU 

La Carta de las Naciones Unidas, en su artículo 2.4, prohíbe a los Estados «la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado». Las excepciones reconocidas son dos: la legítima defensa ante un ataque armado en curso (artículo 51) y la autorización del Consejo de Seguridad. Ninguna de las dos se aplica sin controversia en este caso.

El argumento de la legítima defensa preventiva —que Israel y Estados Unidos han invocado implícitamente apelando al programa nuclear iraní como «amenaza existencial»— no está reconocido como tal en el derecho internacional positivo. La Carta exige un ataque armado en curso o inminente de manera suficientemente verificable. La ONU no autorizó estas operaciones. El Consejo de Seguridad no emitió ninguna resolución en ese sentido, entre otras razones porque Estados Unidos tiene poder de veto y lo usa sistemáticamente para proteger sus operaciones y las de Israel de toda rendición de cuentas institucional.

El argumento nuclear merece un análisis separado. Irán había suspendido su programa de armas nucleares mediante fatwa del propio Jamenei en 2003 y había firmado el JCPOA en 2015. Fue precisamente la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo en 2018, durante el primer mandato de Trump, lo que desató la escalada posterior en el enriquecimiento de uranio iraní. Atacar a Irán por las consecuencias de una política que el propio atacante generó tiene una coherencia jurídica y moral que requiere cierta disposición a no ver.

El derecho internacional humanitario y la escuela de Minab 

Más allá de la legalidad del inicio de las hostilidades, el derecho internacional humanitario —los Convenios de Ginebra y sus protocolos adicionales— establece principios que deben regir la conducción de cualquier conflicto armado: distinción entre objetivos militares y civiles, proporcionalidad, precaución. El ataque sobre la escuela primaria Shajareh Tayyebeh el primer día de operaciones, sea intencional o no, activa la obligación de investigación y rendición de cuentas que el Pentágono no parece apresurado en cumplir.

La declaración del portavoz del CENTCOM —«la protección de civiles es de suma importancia y nunca hemos atacado ni atacaremos civiles»— choca con el hecho documentado de que una escuela fue alcanzada y de que la organización Human Rights Activists in Iran registró más de 1.350 civiles muertos en tres semanas de operaciones. Las palabras son una cosa. Los muertos son otra.

El derecho internacional no es un instrumento que las potencias occidentales puedan invocar cuando les conviene y suspender cuando no. O es un sistema con pretensión de universalidad o es una retórica de legitimación del poder. No puede ser las dos cosas al mismo tiempo.

¿Quién gobierna los Estados Unidos? El poder detrás de la política exterior

La casa blanca en Estados Unidos

La segunda pregunta que el texto base formula con toda pertinencia es: ¿quién le da al gobierno estadounidense la autoridad para creerse policía del mundo? Y más fundamentalmente: ¿quién gobierna realmente los Estados Unidos en materia de política exterior de Medio Oriente?

La pregunta no es conspirativa: es institucional. El Congreso estadounidense no declaró la guerra a Irán. La Constitución de Estados Unidos otorga al Congreso la potestad exclusiva de declarar la guerra, y esa potestad ha sido sistemáticamente erosionada desde la Segunda Guerra Mundial mediante autorizaciones genéricas —las AUMF— que permiten al ejecutivo usar la fuerza con criterios cada vez más amplios y menos supervisados. La Operación Epic Fury fue lanzada sin una declaración formal de guerra al Congreso. Trump invocó poderes ejecutivos de emergencia y la amenaza al pueblo estadounidense como justificación. El Congreso, dividido y paralizado, no frenó nada.

Detrás de esa estructura institucional funciona un complejo de intereses que los politólogos llevan décadas describiendo: el lobby israelí —cuya influencia sobre el Congreso y la política exterior estadounidense está documentada académicamente desde los trabajos de Mearsheimer y Walt— los intereses del complejo industrial militar, las empresas petroleras cuya posición se ve afectada por la estabilidad o inestabilidad del Golfo, y las facciones neoconservadoras que llevan décadas propugnando el cambio de régimen en Irán como objetivo estratégico central. Ninguno de estos actores fue elegido por el pueblo estadounidense. Todos tienen acceso directo a quienes sí lo fueron.

La pregunta de quién gobierna realmente no tiene una respuesta simple. Pero sí tiene respuesta: no gobierna únicamente el presidente electo. Gobiernan también las instituciones, los lobbies, los intereses económicos y estratégicos que trascienden los mandatos presidenciales y que producen una continuidad de política exterior que sobrevive a los cambios de administración con una coherencia que ningún votante eligió explícitamente.

Las Petromonarquías y la soberanía que no tienen 

La otra pregunta del texto base merece desarrollo propio: ¿por qué las petromonarquías de Oriente Medio —Arabia Saudita, Qatar, Bahréin, Kuwait, los Emiratos— tienen bases militares estadounidenses en su territorio y actúan como si no tuvieran soberanía plena sobre su política exterior?

La respuesta tiene capas históricas y económicas que se entrelazan. La primera capa es la del petrodólar: desde los acuerdos Nixon-Faisal de 1973-1974, el petróleo del Golfo se comercia en dólares, lo que da al sistema financiero estadounidense un privilegio estructural que depende de la estabilidad política de esas monarquías y de su alineamiento con Washington. La segunda capa es la de la seguridad: las familias gobernantes de esos países dependen de la protección estadounidense frente a amenazas internas y regionales, lo que convierte a las bases militares no en una imposición sino en una contraprestación de un acuerdo que ambas partes consideran conveniente. La tercera capa es la ideológica: el islam político de tipo iraní o de tipo Hermanos Musulmanes representa una amenaza existencial para las monarquías del Golfo que coincide con los intereses estadounidenses en contenerlo.

El resultado es que países con enormes recursos naturales y poblaciones significativas operan en política exterior con un margen de autonomía real mucho menor del que su soberanía formal sugiere. Irán, con todos sus problemas internos es, paradójicamente, uno de los pocos Estados de la región que ha mantenido una política exterior autónoma frente a Washington. Eso lo convierte en amenaza. No porque sea democrático —no lo es en los términos occidentales— sino porque no es obediente.

Rusia, China y el reordenamiento del mundo

Rusia y China. Superpotencias

La guerra contra Irán no ocurre en el vacío geopolítico. Ocurre en el contexto de un reordenamiento mundial en curso que lleva más de una década gestándose y que esta guerra probablemente acelera de maneras que las potencias occidentales no calcularon suficientemente.

China e Irán firmaron en 2021 un acuerdo de cooperación estratégica de 25 años que incluye inversión china en infraestructura iraní a cambio de suministro petrolero preferencial. La destrucción de la capacidad productiva y exportadora de Irán —incluyendo los ataques sobre la isla de Kharg, por donde pasa el 90% de las exportaciones de crudo iraní— afecta directamente los intereses chinos. Pekín (hasta ahora) no va a intervenir militarmente, pero la guerra acelerará su disposición a construir arquitecturas financieras y comerciales alternativas al sistema dominado por el dólar.

Rusia, por su parte, observa con interés estratégico cómo la operación estadounidense en Irán satura los recursos militares y la atención política de Washington, reduciendo la presión sobre sus propios intereses en Ucrania y en el espacio post-soviético. La guerra en Irán es, para Moscú, un dividendo geopolítico indirecto que no le cuesta nada. Rusia ha expresado condena verbal de la operación en el Consejo de Seguridad —junto a China— pero no ha tomado medidas que impliquen costos reales para ella.

Lo que sí está ocurriendo es una aceleración del proceso de desdolarización y de construcción de instituciones multilaterales alternativas a las dominadas por Occidente. El BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghai, los mecanismos de pago bilaterales que evitan el sistema SWIFT: todo eso se hace más atractivo para los países del Sur Global que observan cómo el orden internacional basado en reglas que Occidente proclama es el mismo que Occidente suspende cuando sus aliados atacan Estados soberanos. La brecha entre el discurso occidental sobre el derecho internacional y su aplicación selectiva es el mayor recurso de reclutamiento que tienen las potencias alternativas.

Cada vez que Occidente invoca el derecho internacional para condenar a Rusia en Ucrania y lo suspende para cubrir a Israel en Gaza o en Irán, o hace lo mismo con China respecto a la situación de Taiwán solo queda reflejado la hipocresía occidental y que las reglas no son universales sino instrumentos del poder del que se cree más fuerte (aunque no lo son).

El pueblo iraní

Un grupo de mujeres persas graduadas de la universidad

Ya hablé de mi admiración personal a la cultura, la historia y la valentía del pueblo persa. En la actualidad, el gobierno de Irán está a cargo de casi 90 millones de personas. Muchos de sus habitantes (como pasa en todos los países del mundo) rechazan la forma de gobierno y ha habido en el pasado, varias protestas en el país que lo demuestran. Esas personas no son responsables de las políticas de su gobierno. Y esas personas son parte de las que están muriendo bajo los bombardeos: más de 1.350 civiles documentados en tres semanas, incluyendo las niñas de la escuela de Minab que mencionaba anteriormente.

La dignidad del pueblo iraní no depende de la legitimidad de su gobierno por parte de occidente. Depende del principio, elemental y no negociable, de que los civiles no son objetivos militares y de que la destrucción de un país no es el camino para liberar a su pueblo. La historia de los bombardeos «liberadores» en Iraq, en Libia, en Afganistán, debería haber enseñado esa lección. Aparentemente, no lo hizo.

Lo que sí es documentable es la respuesta del pueblo iraní a la agresión: las multitudes en las plazas de Teherán y otras ciudades que lloraron la muerte de Jamenei no como fans del régimen sino como ciudadanos bajo ataque. El nacionalismo iraní —que es anterior al islam político y que sobrevivió al sha, a la revolución y a ocho años de guerra con Iraq— se activa cuando el país es atacado desde afuera, independientemente de cómo se sientan los iraníes respecto de sus propios gobernantes. Eso no es paradójico: es humano. Y es el tipo de consecuencia que los estrategas de la Operación Epic Fury aparentemente no calcularon.

Las preguntas que quedan

Bandera de Irán

¿Cuál es el objetivo de esta guerra? Los objetivos declarados —destruir el programa nuclear iraní, cambiar el régimen— tienen problemas serios. Los programas nucleares no se destruyen permanentemente con bombardeos: los conocimientos científicos sobreviven a las instalaciones físicas, y un régimen que sobreviva a este ataque —o el que lo reemplace— tendrá razones aún más poderosas para buscar la disuasión nuclear que ningún tratado le ofrezca garantías. La historia de Corea del Norte es el antecedente más elocuente.

¿A quién responde esta guerra? Responde a una convergencia de intereses que incluyen la propaganda israelí, los intereses del complejo industrial militar estadounidense, y la agenda neoconservadora de reconfiguración del Medio Oriente que lleva décadas sin producir los resultados prometidos.

¿Quién le da a Estados Unidos la autoridad para ser policía del mundo? Nadie. Se la tomó, con el consenso pasivo de las potencias que se benefician del orden que esa policía sostiene y con la oposición creciente de las que no. Ese consenso se está erosionando. Esta guerra lo erosiona más.

Y mientras tanto, en una ciudad llamada Minab, hay una escuela primaria de niñas que el 28 de febrero de 2026 fue alcanzada por la excursión. Sus nombres no aparecen en los partes de operaciones. Sus familias no tienen acceso a ningún mecanismo de rendición de cuentas. El Pentágono sigue revisando los informes.

¡Ay de los que dictan leyes injustas y de los que redactan decretos opresivos! ¿Qué haréis en el día del castigo? — Isaías 10:1,3

Fuente de la imagen del colegio atacado: Mehr News Agency

— Fin del comunicado del capitán—

Comparte:

PALESTINA LIBRE: UN GRITO POR LA JUSTICIA

Hombre palestino con bandera de Palestina

فلسطين حرة

Hay momentos en que uno no puede seguir escribiendo sobre teología abstracta sin antes mirar lo que está pasando delante de sus ojos. Este es uno de esos momentos.

Quiero ser honesto desde el principio: no escribo esto desde la distancia fría del analista. Lo escribo como cristiano ortodoxo, como alguien que ha abrazado la fe que nació exactamente en esa tierra, entre ese pueblo, en esas calles que hoy están cubiertas de escombros. Lo escribo desde la indignación, sí, pero sobre todo desde el dolor de hermano. Porque lo que está muriendo en Palestina no es solo una causa política. Es parte de mi familia en la fe. Y eso cambia todo.

Quiero hablar específicamente de algo que los medios de comunicación masivos, los debates geopolíticos y hasta gran parte de la solidaridad internacional dejan sistemáticamente en el costado: los cristianos palestinos. Los descendientes directos de la Iglesia apostólica. Los herederos de aquellos sobre quienes descendió el Espíritu Santo en Pentecostés. Los que llevan dos mil años rezando en esa tierra y que hoy están desapareciendo en silencio, sin que casi nadie en el mundo cristiano occidental sienta la necesidad urgente de nombrarlo.

Este artículo es para ellos. Y es también, con toda humildad, un examen de conciencia para los que nos llamamos cristianos y miramos hacia otro lado.

Mis hermanos que el mundo no ve

la iglesia de San Porfirio junto a una mezquita. Ambas atacadas

Cuando me volví a acercar a la fe verdadera después de un tiempo de apostasía, una de las primeras cosas que me impactó fue la comprensión de la Iglesia como cuerpo vivo que trasciende el tiempo y el espacio. No es una institución con sede central y sucursales. Es una comunión de iglesias locales que comparten la misma fe apostólica, la misma Tradición, los mismos sacramentos. Y entre esas iglesias locales están las iglesias palestinas: la Ortodoxa de Jerusalén, la Greco-Católica Melquita, la Siro-Ortodoxa, la Armenio-Apostólica, la Maronita, la Latina.

Son iglesias más antiguas que cualquier denominación moderna occidental. Son comunidades que oran en árabe, en arameo —la lengua de Jesús— y en griego desde antes de que existiera Europa tal como la conocemos. Y son comunidades que están muriendo.

No es una metáfora. Es un hecho demográfico brutal. Antes de 1948, los cristianos representaban alrededor del 20% de la población palestina. Hoy son menos del 2% en los territorios palestinos. La ocupación, el bloqueo, la confiscación de tierras, la imposibilidad de construir un futuro digno han producido una emigración constante que la guerra actual convirtió en desbandada. Mis hermanos en la fe están huyendo de la Tierra Santa. Y el mundo cristiano occidental, demasiado ocupado aplaudiendo al Estado de Israel como cumplimiento de la profecía bíblica, no parece notarlo.

San Porfirio: La Iglesia más antigua bajo las bombas 

La iglesia de San Porfirio en Gaza lleva el nombre del obispo que evangelizó esa ciudad en el año 400 después de Cristo. El edificio actual data del siglo V. Tiene más de mil seiscientos años. Ha sobrevivido invasiones, cruzadas, terremotos, conquistas. Ha sobrevivido a todo.

En octubre de 2023, un misil impactó en su recinto mientras daba refugio a más de cuatrocientas personas desplazadas por los bombardeos. Al menos diecisiete murieron en ese primer ataque. La iglesia fue alcanzada en varias ocasiones más a lo largo de la guerra. Las imágenes que llegaron —el techo derrumbado, las columnas partidas, los fieles rezando entre los escombros— me dejaron sin palabras durante días.

Pienso en esa iglesia con una frecuencia que no esperaba. Pienso en los sacerdotes que siguieron celebrando la Divina Liturgia entre las ruinas. En los feligreses que siguieron comulgando con los misiles cayendo afuera. En esa continuidad de la fe que ninguna bomba ha podido interrumpir en dieciséis siglos. Y me pregunto qué dice eso sobre mi propia fe, que a veces flaquea ante cosas infinitamente menores.

Antes de la guerra había en Gaza entre mil y mil quinientos cristianos. La mitad huyó o murió. Los que quedaron vivieron meses con el equivalente calórico de los prisioneros de un campo de concentración, según comparaciones de la propia ONU. Sus hospitales destruidos. Sus sacerdotes tratando de atender a los heridos sin medicamentos. Sus muertos sin lugar donde enterrarlos con dignidad.

«Esta guerra hará desaparecer a la Iglesia de Gaza.» — Testimonio recogido por organizaciones de apoyo a cristianos en Oriente Medio, 2024.

Belén, el pesebre rodeado de muros 

Belén: La ciudad donde nació Jesucristo. Hoy está rodeada por el muro de separación israelí. No es una imagen poética: es un muro de hormigón de ocho metros de altura que rodea prácticamente toda la ciudad, con torres de vigilancia, que convierte a Belén en lo que muchos —incluidos israelíes críticos— llaman un bantustán, un gueto geográfico.

Los peregrinos que llegan a Belén desde el aeropuerto de Tel Aviv pasan por un control militar. Los betlemitas que quieren visitar Jerusalén —a diez kilómetros de distancia— necesitan permisos especiales que frecuentemente se deniegan. Los jóvenes que estudian en universidades de Cisjordania no pueden cruzar libremente al trabajo. El tejido social, económico y familiar de una comunidad cristiana que lleva dos mil años en ese lugar está siendo desintegrado metódica y sistemáticamente.

La Basílica de la Natividad, Patrimonio de la Humanidad, está intacta. El turismo puede llegar, hacer su foto y volver. Lo que no se fotografía tan fácilmente es la emigración silenciosa de las familias cristianas que van cerrando sus casas una por una, convencidas de que no hay futuro allí para sus hijos. En 1950, los cristianos eran el 85% de la población de Belén. Hoy son menos del 12%.

Taybeh: El último pueblo íntegramente cristiano 

Taybeh es el único pueblo íntegramente cristiano que queda en Cisjordania. Sus habitantes son mayoritariamente ortodoxos y católicos. Tienen una pequeña cervecería artesanal —la única de Palestina— que es a la vez símbolo de resistencia y fuente de orgullo local. Y están siendo asfixiados, lenta pero imparablemente, por la expansión de los asentamientos israelíes que rodean sus tierras. He leído testimonios de familias de Taybeh que describen cómo los colonos cortan sus olivos —árboles de cien, doscientos años, que son la memoria viva de una familia— para ampliar sus tierras. Cómo los caminos que siempre usaron para llegar a sus parcelas son bloqueados de un día para otro. Cómo los jóvenes, sin perspectiva de futuro, emigran a Chile, a Honduras, a Estados Unidos, a cualquier lugar donde puedan vivir con dignidad. Y Taybeh se va vaciando.

Me resulta difícil leer eso sin sentir una rabia que tengo que aprender a transformar en oración. Porque eso también me lo enseñó la fe ortodoxa: que la ira justa no se extingue callándola, sino ofreciéndola. Que el escándalo ante la injusticia puede ser, si se lo lleva correctamente, una forma de amor.

La paradoja que me parte el alma

Scouts cristianos palestinos

Hay una paradoja en todo esto que me parece, honestamente, una de las más dolorosas que he encontrado en mi recorrido por el mundo cristiano contemporáneo. Y es esta: los que más ruidosamente proclaman su amor por Israel, los que llenan estadios cantando bendiciones sobre el Estado judío, los que donan millones de dólares a organizaciones de colonos en Cisjordania —los sionistas cristianos evangélicos— son perfectamente capaces de ignorar que con ese gesto están financiando la destrucción de sus hermanos más antiguos en la fe.

No lo hacen por maldad, probablemente (quiero creer). Lo hacen porque el sistema teológico que habitan —el dispensacionalismo, que ya analicé en detalle en estas páginas— literalmente no tiene lugar para los palestinos en su esquema profético. Israel ocupa el centro del guión escatológico. Los palestinos, incluso los palestinos cristianos, son un dato irrelevante. Un detalle histórico que no afecta la narrativa principal.

Pero hay algo que el dispensacionalismo no puede borrar de los Hechos de los Apóstoles: la primera comunidad cristiana de Jerusalén estaba compuesta en su totalidad por judíos y por habitantes de esa tierra. La Iglesia de Jerusalén —que hoy es la Iglesia Ortodoxa de Jerusalén, gobernada por el Patriarca Teófilo III— es la madre de todas las iglesias. No metafóricamente: literalmente. Toda iglesia cristiana en el mundo, sea ortodoxa, católica, protestante o evangelikal, es hija de esa primera comunidad que rezaba en el Cenáculo y que fue dispersada por la persecución hacia todos los confines del mundo.

Atacar a los herederos de esa comunidad no es un asunto político menor. Es un asunto eclesiológico de primera magnitud. Y que el mundo evangélico occidental pueda hacerlo sin aparente crisis de conciencia dice más sobre el estado de su teología que cualquier debate doctrinal abstracto.

Quien dice que está en la luz y odia a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz. — 1 Juan 2:9-10

Lo que me enseñó la Tradición de la iglesia sobre el dolor

El cristianismo no es una religión de respuestas fáciles. Nuestra fe tiene una tradición que sabe que el sufrimiento es real, que la historia es oscura, y que la esperanza cristiana no es optimismo naif sino certeza pascual: la certeza de que la muerte no tiene la última palabra, aunque nos quieran hacer creer que sí.

Los Santos Padres de la Iglesia de Oriente conocieron de primera mano la persecución, el exilio, la destrucción de sus comunidades. San Juan Crisóstomo murió en el camino del exilio al que lo condenó la emperatriz Eudoxia. Los Padres del Desierto vivieron en tierras que hoy son Egipto, Siria, Palestina: las mismas tierras donde hoy sus herederos espirituales resisten bajo la bomba y el muro. La teología ortodoxa nació en ese contexto de fragilidad histórica y aprendió a sostener la fe no a pesar del sufrimiento sino dentro de él.

Hay una oración que rezo con frecuencia, parte de las oraciones vespertinas del Typikon: «En paz, oremos al Señor.» En paz. Irenikon. No como descripción de la situación exterior —que puede ser catastrófica— sino como disposición interior. La Iglesia Ortodoxa en Gaza reza en paz. No porque haya paz afuera, sino porque la paz que da Cristo «no es como la que da el mundo» (Juan 14:27). Y ese testimonio, esa capacidad de mantener encendida la llama de la liturgia en medio de los escombros, me parece uno de los signos más poderosos de la fe que conozco.

El Patriarcado de Jerusalén y su testimonio silencioso 

El Patriarcado Ortodoxo de Jerusalén tiene una posición única en el mundo cristiano: es la iglesia madre, la que custodia los Santos Lugares desde los primeros siglos. El Patriarca Teófilo III ha hablado con claridad sobre lo que está ocurriendo, ha pedido alto el fuego, ha denunciado la destrucción de civiles, ha acompañado a su rebaño palestino en el sufrimiento. Sus palabras, sin embargo, apenas llegan a los medios occidentales. Una declaración de un megaevangélico americano sobre Israel recibe cobertura global. Una declaración del Patriarca de Jerusalén sobre sus propios fieles muertos apenas logra una nota al pie.

Esa asimetría no es un accidente de mercado. Es el reflejo de qué voces decide amplificar el sistema mediático y religioso occidental, y cuáles decide silenciar. Y dice mucho sobre qué tipo de cristianismo ha logrado instalarse como referencia hegemónica en la cultura anglófona global.

La Comunión de los Santos como respuesta política 

Hay algo que la doctrina de la comunión de los santos me ha enseñado y que tiene consecuencias muy concretas en este contexto: los muertos de la Iglesia no están ausentes. Están presentes de una manera que supera la muerte física. Los mártires de Gaza —porque hay que llamarlos así: son personas que murieron por el simple hecho de ser quienes eran y de estar donde estaban— son parte del mismo cuerpo del que somos parte todos los que comulgamos en la misma fe.

Eso significa que su muerte no es un dato estadístico. Es una herida en el cuerpo de Cristo. Una herida que no cicatrizará con silencio ni con neutralidad bien administrada. Una herida que pide, como mínimo, ser nombrada.

Y que yo, desde Ushuaia, en el extremo del mundo, tengo que encontrar la manera de cargar. No con culpa paralizante, sino con la responsabilidad activa de quien sabe que forma parte de algo más grande que sí mismo. La Iglesia es un cuerpo. Cuando uno de sus miembros sufre, todos sufren. San Pablo no lo escribió como metáfora edificante: lo escribió como descripción de la realidad.

Lo que se puede hacer desde acá

Mujer con bandera de Palestina

Una de las tentaciones cuando uno se enfrenta a una injusticia de esta escala es el parálisis. ¿Qué puedo hacer yo desde Ushuaia? ¿Qué cambia un artículo en un blog que leen unos cientos de personas? ¿No es todo esto, al final, una forma de sentirse bien con uno mismo mientras el mundo sigue igual? Me hago esas preguntas. Y no tengo respuestas completamente satisfactorias. Pero sí tengo algunas convicciones que me ayudan a no quedarme paralizado.

La primera es que el testimonio importa aunque no cambie resultados visibles. Los profetas de Israel sabían perfectamente que sus denuncias no iban a detener inmediatamente la injusticia que denunciaban. La denunciaban de todas formas, porque el acto de nombrar la verdad tiene valor en sí mismo, independientemente de sus consecuencias inmediatas. Dios les pedía que hablaran, no que ganaran.

La segunda es que la oración no es una alternativa a la acción sino su fundamento. Rezo por los cristianos de Gaza. Por las familias de Belén. Por los sacerdotes que celebran la Liturgia entre escombros. Por los niños que no conocerán otra realidad que la guerra. No sé si esa oración tiene efectos verificables en el plano de la geopolítica. Sé que transforma a quien ora, que ensancha el corazón, que impide que la indiferencia se instale. Y eso ya es algo.

La tercera es que informarse bien y hablar con claridad es, en este contexto, una forma de resistencia. La máquina de desinformación que rodea el conflicto palestino es enorme y sofisticada. Contrarrestarla con análisis honesto, con datos verificados, con la perspectiva que la fe cristiana histórica ofrece sobre este drama, es una contribución modesta pero real. Si este artículo hace que alguien descubra que existen los cristianos palestinos y empiece a preguntar por ellos, habrá valido la pena escribirlo.

Y la cuarta es que la solidaridad concreta es posible aunque sea pequeña. Hay organizaciones que trabajan directamente con los cristianos palestinos: Puertas Abiertas, la Custodia de Tierra Santa, el Patriarcado Ortodoxo de Jerusalén, organizaciones locales de Belén y Ramallah. Apoyarlas económicamente, aunque sea con poco, es poner el cuerpo donde está el corazón.

Abre tu boca por el mudo, por la causa de todos los que son dejados solos. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del necesitado. — Proverbios 31:8-9

Conclusión: Tierra Santa, Tierra que Sangra

Mujer palestina con su bandera bajo un cielo azul

Hay una palabra árabe que los palestinos repiten como oración y como resistencia: Sumud. Significa firmeza. La decisión de quedarse. De seguir siendo, incluso cuando todo conspira para borrarte. El Sumud no es violencia ni rendición: es el simple y tenaz acto de existir cuando el poder quiere que desaparezcas.

Los cristianos palestinos practican el Sumud desde hace dos mil años. Han sobrevivido a los romanos, a los cruzados, a los otomanos, a las guerras del siglo XX. Han mantenido encendida la llama de la fe apostólica en la tierra donde esa fe nació. Han rezado en los mismos lugares donde rezó Jesús, donde predicaron los Apóstoles, donde derramaron su sangre los primeros mártires. Y hoy, en el siglo XXI, siguen rezando. Entre los escombros, bajo las bombas, con los hijos emigrados y los olivos cortados y los muros que rodean sus ciudades.

Eso me interpela de una manera que no me deja tranquilo. Mi fe es la misma fe que ellos custodian desde mucho antes de que yo naciera. La liturgia que aprendo a amar es la liturgia que ellos celebran desde hace veinte siglos. Los Santos Padres que leo en la Filocalia bebieron del mismo manantial espiritual que formó a sus ancestros. Somos, en el sentido más literal y más serio de la palabra, familia.

Y la familia no mira hacia otro lado cuando uno de los suyos está en el suelo.

Palestina libre no es un eslogan. Es el nombre de una justicia pendiente. Es la afirmación de que esos dos millones de personas —esos niños, esas madres, esos ancianos, esos sacerdotes que bendicen entre los escombros— tienen derecho a vivir en su tierra con dignidad, a rezar en sus iglesias sin miedo, a enterrar a sus muertos con paz. Es el reconocimiento de que la Tierra Santa no puede seguir siendo una tierra de muerte para los que la habitaron desde el principio.

Dios escucha el clamor del pobre. Lo dice la Escritura con una insistencia que no deja lugar a dudas. Y si Dios lo escucha, quienes intentamos caminar tras Él no tenemos otra opción que intentar escucharlo también.

En nuestra defensa del pueblo palestino, debemos tener claro que defendemos la justicia, la paz y la reconciliación, no contra ningún grupo en particular. Nuestra fe nos llama a amar a todos, a buscar el bienestar de todos y a luchar por un mundo donde todos puedan vivir en armonía. 

La lucha palestina por la libertad y la justicia es un llamado a nuestra conciencia cristiana, un llamado a encarnar los valores de amor, compasión y justicia que Cristo ejemplificó tan profundamente. Es un recordatorio de que, como cristianos, estamos llamados a ser pacificadores, defensores de los oprimidos y defensores de la reconciliación. Es un llamado a la justicia, un llamado a la paz, un llamado a la dignidad y la libertad de todo ser humano.

Estamos en una posición única para desempeñar un papel vital en esta búsqueda de la justicia y la paz. Obligados a defender a los marginados, a defender a los oprimidos y a trabajar incansablemente por la reconciliación. En Tierra Santa, donde nació nuestra fe son profundas, estamos llamados a ser faros de esperanza, voces de compasión y agentes de cambio.

Recordemos que el mensaje cristiano es de amor, de compasión y de esperanza. Es un mensaje que trasciende fronteras, que une a personas de diversos orígenes y creencias. Es un mensaje que puede traer sanación a un mundo marcado por el conflicto y la división.

Seamos las manos y los pies de Cristo en un mundo que tan desesperadamente necesita su amor.

El camino hacia la justicia y la paz no es fácil, pero vale la pena emprenderlo. Es un viaje que puede conducir a un futuro mejor, un futuro en el que el pueblo de Palestina pueda vivir en libertad y dignidad, en el que pueda prosperar sin las limitaciones impuestas desde el exterior.

En este camino, saquemos fuerzas de nuestra fe, de las enseñanzas de Cristo y de los ejemplos de los santos que nos han precedido. Seamos inquebrantables en nuestro compromiso con la justicia, la misericordia y la reconciliación. Seamos inquebrantables en nuestro compromiso con el pueblo palestino y con todos los que sufren en la búsqueda de la libertad y la dignidad.

Para ayudar a quienes sufren en Gaza, considere hacer una donación a través de la campaña de recaudación de fondos de la Sagrada Orden de San Jorge en Gaza.

Comparte:

KOSOVO ES EL CORAZÓN DE SERBIA

Kosovo y la defensa de la integridad de Serbia: Protegiendo a la población serbia en un escenario desafiante.

En este artículo, abordaremos la situación en Kosovo, dejando en claro desde el principio mi firme convicción de que Kosovo es una parte integral de Serbia y que la protección de la población serbia debe ser una prioridad incuestionable. Considero que la declaración unilateral de independencia de Kosovo representa una violación del derecho internacional, y es importante destacar cómo las potencias occidentales han influido en esta situación. Además, discutiremos las amenazas y la falta de protección que enfrentan los habitantes de etnia serbia en las zonas donde residen, bajo la ocupación de las autoridades actuales.

Kosovo: una parte integral de Serbia

Desde hace mucho tiempo, Kosovo ha sido una parte esencial de la historia y la identidad de Serbia. Su significado histórico, cultural y político es innegable. Es vital mantener esta perspectiva al abordar la situación actual en la región, ya que reconocer la integridad de Serbia es fundamental para cualquier discusión objetiva.

La declaración unilateral de independencia y el derecho internacional:

La declaración de independencia de Kosovo de forma unilateral fue un acto que va en contra del derecho internacional y establece un precedente peligroso. La comunidad internacional debería preocuparse por la violación de los principios fundamentales del derecho internacional y su impacto en el sistema global de gobernanza.

Es importante señalar cómo ciertas potencias occidentales han influido en esta situación. Han sido promotores de la independencia de Kosovo, ignorando los procesos legales y los procedimientos internacionales que deberían guiar cualquier cambio de fronteras o estatus político.

La amenaza a la población serbia en Kosovo:

La población de etnia serbia en Kosovo se enfrenta a numerosos desafíos y amenazas constantes. Su seguridad y bienestar están en juego, y es crucial que las autoridades responsables tomen medidas efectivas para garantizar su protección.

La presencia de grupos extremistas y la falta de control sobre la situación en algunas áreas han dejado a los serbios en una posición vulnerable. Las tensiones étnicas, los actos de violencia y la discriminación persisten, generando un ambiente hostil y peligroso para la población serbia.

La necesidad de protección y atención internacional:

Ante esta situación preocupante, es fundamental que la comunidad internacional preste atención y tome medidas para proteger a la población serbia en Kosovo. La seguridad y los derechos humanos de todos los habitantes, independientemente de su etnia, deben ser garantizados y respetados.

Es necesario un enfoque colaborativo y una cooperación activa entre las autoridades locales, las organizaciones internacionales y los actores relevantes para abordar los desafíos y trabajar hacia soluciones sostenibles.

Palabras finales:

En resumen, Kosovo se encuentra en una situación complicada, y es imperativo reconocer que es una parte integral de Serbia. La declaración unilateral de independencia ha generado tensiones y desafíos para la población de etnia serbia en Kosovo. La comunidad internacional debe tomar medidas para proteger a esta población y trabajar hacia una solución pacífica y sostenible que respete el derecho internacional y los derechos humanos. Mantenernos informados y abogar por una postura basada en la justicia y la integridad es crucial para abordar esta situación compleja y defender los derechos de la población serbia en Kosovo.

Comparte:

RECORDANDO EL GENOCIDIO ARMENIO

24 de abril. Hoy se conmemora en Argentina el "Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos" en concordancia con un nuevo aniversario del Genocidio Armenio.

Antes que nada, quiero dejar en claro que hablo desde el amor, desde el cariño profundo que tengo hacia la gente de Armenia y su lucha histórica. Porque el pueblo armenio es uno de los más antiguos del mundo, con una rica cultura, tradiciones y una historia que ha sido marcada por el dolor y la resistencia. Como argentino, me siento muy orgulloso de que nuestro país haya sido uno de los primeros en reconocer el genocidio armenio como tal. Este gesto de solidaridad y reconocimiento por parte de nuestro país, es un ejemplo a seguir para el resto del mundo.

Y es que hace más de un siglo, en 1915, el Imperio Otomano, liderado por los Jóvenes Turcos, llevó a cabo un acto de barbarie que todavía hoy sigue siendo negado y minimizado por el Estado turco. Durante años, han negado la existencia de este genocidio, que se cobró la vida de más de un millón y medio de armenios. Pero no hay duda de que fue un hecho real, sistemático y planificado, que buscó la eliminación total de los armenios como pueblo.

Los armenios fueron deportados en masa, asesinados a sangre fría, torturados y violados. Fueron víctimas de un odio racial que no tenía límites, que no distinguía entre hombres, mujeres, ancianos o niños. Y todo esto fue llevado a cabo con la complicidad y el apoyo del Estado turco.

A pesar de que han pasado más de cien años, todavía hoy el pueblo armenio sigue luchando por la verdad, la justicia y el reconocimiento de este genocidio. Y es nuestro deber, como ciudadanos del mundo, apoyar esta lucha y exigir que se haga justicia.

Es hora de que la comunidad internacional condene el actuar y la negación por parte del Estado turco en su responsabilidad en este genocidio. Es hora de que se exija una reparación histórica y moral para el pueblo armenio. Y es hora de que se reconozca públicamente este crimen de lesa humanidad y se honre la memoria de las víctimas.

Por eso, hoy quiero rendir un homenaje a todas las víctimas del genocidio armenio. A los hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, que perdieron la vida de forma cruel e inhumana. A los que fueron desplazados de sus hogares, a los que sufrieron la violencia y el dolor. A todos ellos, mi más profundo respeto y admiración.

Y quiero pedirles a todos ustedes, a los que me están leyendo, que se sumen a esta lucha. Que levanten su voz en defensa del pueblo armenio y exijan la verdad y la justicia. Que apoyen las iniciativas y las acciones que buscan honrar la memoria de las víctimas y exigir la reparación y el reconocimiento que se merecen.

Porque este genocidio no puede ser olvidado ni minimizado como continuamente pretende la propaganda turca. No podemos permitir que la historia se repita y que los crímenes de odio y discriminación queden impunes. Es nuestro deber como ciudadanos del mundo defender los derechos humanos y luchar contra la injusticia y la impunidad. Por eso reitero, hoy quiero invitarlos a sumarse a esta lucha. A conocer más sobre el genocidio armenio, a escuchar la voz de los sobrevivientes y sus descendientes, a apoyar las iniciativas que buscan hacer justicia y reconocer este crimen de lesa humanidad.

Juntos podemos lograr que el pueblo armenio reciba la reparación y el reconocimiento que se merece. Juntos podemos construir un mundo más justo y solidario, en el que nunca más se repitan los horrores del genocidio armenio.

¡Viva Armenia! 

Autor de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/User:Aschroet
Comparte:

UN MUNDIAL PARA NO VER



Mucho se habla y poco se hace con respecto al entorno de la actual copa mundial de la FIFA que se está jugando en Catar. Un claro ejemplo es lo idiotizada que están muchas personas.

Nos jactamos cómo sociedad civilizada de promover los derechos humanos, los derechos que tienen las personas por el simple hecho de serlo, sin distinción de origen étnico, generó, orientación sexual, etc.

¿Cómo es posible que un evento deportivo que debería ser un ejemplo de fraternidad y promotor de la tolerancia se esté jugando en un país cómo Catar? ¿Cómo es posible qué muchos con su silencio sean cómplices de las aberrantes situaciones con una cultura cómo la de un país así (que no es el único por cierto)?

Desde mucho antes de la inauguración del mundial se saben de los escándalos de corrupción que salpican a la FIFA con la elección de las sedes, pero esto en realidad no me sorprende mucho. Una corporación multinacional que ha hecho de un hermoso deporte cómo es el fútbol, un gigantesco negociado.

El país anfitrión de la actual copa del mundo es la más clara demostración del poder económico y de la división de clases. En verdad por aquellas tierras o eres millonario o estás en la miseria total. Un gobierno y una forma de ver la vida que, para poder intentar organizar la infraestructura de todo lo que necesita un evento deportivo de grandes dimensiones, ha promovido lo más parecido a la esclavitud que he escuchado en el mundo moderno, la mayoría con trabajadores importados y donde nadie te va a defender de las barbaridades que hacen.

Catar, al igual que tantos otros países donde la religión tiene un peso fundamental dentro de la toma de decisiones, es uno de esos lugares donde las mujeres son igual a una "cosa", un "objeto" que se mueve solo porque la lleva el viento. O sea, no hay diferencias entre una mujer y una hoja que se cae de un árbol.
 
Es terrible y verdaderamente lamentable cómo muchas de ellas, que se autodenominan defensoras de los derechos de la mujer contra la opresión de la barbarie del machismo (visto en periodistas argentinas) ahora te estén mostrando el estilo de vida de lujo, que se lleva en las partes millonarios de Doha, pero hagan silencio stampa cuando es bien conocido la situación de las mujeres en esa clase de países y alaben la "cultura" catarí. Es bien sabido que una mujer que es violada en los países donde el islam es la religión de estado es condenada a latigazos y prisión por haber tenido sexo fuera del matrimonio (puedes ver una nota relacionada aquí) ¿Acaso esta aberración no nos hace sentir nada? ¿Y qué tal las minorías con diversas orientaciones sexuales que son condenadas a muerte?

Voy, pero no comparto. La doble moral del primer mundo.

Una de las cosas más absurdas que he visto, fueron los métodos de protesta de los países "ejemplos" que tanta admiración generan por estas tierras. Desde el (intento de) diseño de las camisetas de algunos países, la pose tapándose la boca de una selección en la foto grupal antes de su partido o las grabaciones para la tribuna desde una cuenta de alguna red social. La plata mueve al mundo y ninguna de las federaciones que integran la FIFA se levantó en serio. En una expresión bien nuestra, digamos que solo se ha visto lo "vende humo" y cómplices que son. Desde el que se pone la bandera LGBT en el pecho, pero le hace el juego a la mafia de la FIFA hasta el que dice que hay que amoldarse a las reglas del dueño de casa. Igual, siempre fue así ¿Cuántos protestaron por Argentina 1978? 

Aquí en Argentina, uno prende la televisión pública (una empresa que vos si sos argentino o residente en nuestro país y yo, pagamos con nuestros impuestos) y no se puede creer el movimiento y gastadero de dinero detrás que hay solo para venderte el circo del mundial. Y no es solo una crítica al oficialismo, porque en mi propia ciudad (Mar del Plata), donde lidera un gobierno de la oposición, también se colgaron del entrenamiento momentáneo con una pantalla gigante en la playa, mientras mucha gente no tiene para llagar a fin de mes.

No me quiero ir por las ramas y hablar de las absurdas cosas que se hacen localmente (ya les llegará el tiempo).

Durante el primer partido de Argentina todo el comentario era lo que había sucedido frente a Arabia Saudita (otro que Catar). Se hablaba de la vergüenza de haber perdido con un equipo sin tradición futbolística cómo Brasil o Alemania, pero la verdad que un papelón no es una derrota meramente deportiva. Vergüenza es que se esté avalando con las acciones haciendo la vista ciega o los oídos sordos a lo que realmente importa.

Me gusta como a muchos argentinos el fútbol, pero yo no puedo consumir este mundial que se hace un lugar que va en contra de todo lo que creo.
Comparte:

AVISO

Es importante aclarar que este sitio fue pensado originalmente para verse bien en computadoras y pantallas grandes. Sin embargo, estoy en pleno proceso de optimización para que se vea correctamente en versiones móviles. Agradezco tu interés y te invito a seguir visitando el Blog.

PERSONAL TRANSLATIONS (COMING SOON)

LAS ISLAS MALVINAS SON ARGENTINAS

LAS ISLAS MALVINAS SON ARGENTINAS

ESTE SOY YO

Mariano Romero Arregin

¡Hola! Mi nombre es Mariano — Un hombre común y corriente escribiendo sobra la vida. Soy primeramente CRISTIANO. En lo profesional, soy productor agrícola, promotor agroecológico en un cultivar de frutas finas, fermentista y cuando tengo algo de tiempo (y dinero especialmente) un viajero amateur. Además, aquí estoy compartiendo mis historias familiares, mi amor por la vida en los cultivos, la naturaleza, la tecnología y el ocio en general.

VISITAS DESDE...

Flag Counter

EL TIEMPO EN USHUAIA

El tiempo - Tutiempo.net

AUTOMATIC TRANSLATION TO...

BOLETÍN INFORMATIVO

Mantenete al tanto de todas las novedades del Blog ¡Es totalmente Gratis!

Косово је Србија / Kosovo je Srbija

Косово је Србија / Kosovo je Srbija

DESTACADA

ES EL MOMENTO DE SER YO

Hoy quiero compartir con ustedes un momento importante de mi vida en el que estoy en proceso de liberarme de todas las cargas que durante ta...

ENTRADAS POPULARES

ARCHIVOS

ENVIAR MENSAJE

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

BÚSQUEDA