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MALVINAS: NUESTRA PERLA AUSTRAL

Plaza Islas Malvinas en Ushuaia

El reclamo irrenunciable de soberanía sobre el Atlántico Sur

Los argentinos tenemos el deber irrenunciable de mantener el reclamo de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas y todo el archipiélago del Atlántico Sur, hoy bajo el yugo del poder pirata británico.

Escribo esto desde Ushuaia. Desde la ciudad capital de nuestras islas, la ciudad que mira al este con la convicción de que lo que está ahí, es parte del territorio fueguino... y por ende, parte del territorio argentino. Que siempre lo fue. Y que el reclamo de recuperarlo no caduca, no prescribe, no se negocia en ningún salón diplomático por más que los años pasen y la comodidad sugiera que ya es hora de aceptar lo que no se puede cambiar. No. No se acepta. No se renuncia. No se olvida.

Este artículo es un argumento y es también una declaración personal. Los argumentos tienen que poder sostenerse con hechos y con lógica, porque la pasión sola no convence a quien no la comparte de antemano. Pero la declaración personal también tiene su lugar: Malvinas no es solo una causa geopolítica abstracta. Es parte de lo que somos como argentinos, especialmente para quienes vivimos en el extremo sur del continente y sabemos que la distancia entre Ushuaia y las islas es de menos de ochocientos kilómetros (menos de 600 desde Río Grande), mientras que la distancia entre las islas y Londres es de trece mil.

El argumento histórico: La herencia que no se transfiere por conquista

Óleo de L. Vernet. Puerto Soledad en 1829

La historia de la soberanía argentina sobre Malvinas comienza antes de que Argentina existiera como Estado independiente. Las islas fueron descubiertas y exploradas en el contexto del dominio español sobre el Río de la Plata. España estableció una colonia en la isla Soledad en 1764, que los ingleses llamaron East Falkland. Cuando Gran Bretaña intentó establecer su propio asentamiento en la isla Gran Malvina —West Falkland— en 1765, España protestó y en 1771 los ingleses se retiraron, reconociendo implícitamente la soberanía española sobre el archipiélago.

Cuando Argentina declaró su independencia en 1816, heredó de España, por el principio jurídico de uti possidetis juris, los territorios que habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata. Las Malvinas eran parte de esos territorios. El gobierno argentino ejerció esa soberanía de manera efectiva: estableció una administración en las islas, nombró gobernadores, reguló la pesca y la caza de lobos marinos, y en 1820 el gobierno de Buenos Aires tomó posesión formal del archipiélago bajo bandera argentina.

La usurpación británica de 1833 —que es el término correcto, usurpación, no colonización ni ocupación, sino usurpación violenta de un territorio que pertenecía a otro Estado— fue un acto de fuerza pura y simple. La corbeta HMS Clio llegó a Puerto Soledad en enero de 1833, expulsó a las autoridades argentinas, arrió la bandera argentina y enarboló la británica. No hubo negociación, no hubo tratado, no hubo compra, no hubo ningún acto jurídico que transfiriera la soberanía. Hubo un barco de guerra y una orden. Eso es todo.

Argentina protestó de inmediato y nunca dejó de protestar. La continuidad del reclamo desde 1833 hasta hoy no es retórica: es el registro diplomático más largo e ininterrumpido de la historia argentina. Más de ciento noventa años de notas diplomáticas, de presentaciones ante organismos internacionales, de insistencia sobre un principio que ningún paso del tiempo puede borrar: que la soberanía no se adquiere por conquista en el derecho internacional moderno.

Gran Bretaña tomó las Malvinas en 1833 con un barco de guerra y una orden. Eso no es soberanía: es piratería. Y la piratería no prescribe en el derecho de las naciones cuando el agraviado no deja de reclamar.

El argumento jurídico: Lo que la ONU dijo y lo que Gran Bretaña Ignoró

Museo Islas Malvinas

El argumento de que el reclamo argentino es ilegítimo porque los isleños no quieren ser argentinos confunde dos principios que el derecho internacional distingue con claridad: la autodeterminación de los pueblos y la integridad territorial de los Estados. Estos dos principios no siempre apuntan en la misma dirección, y cuando entran en tensión, el derecho internacional establece criterios para resolverla.

La Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1965 con el voto de Argentina y del Reino Unido, estableció que la cuestión de las Malvinas es una situación colonial que debe resolverse mediante negociaciones entre Argentina y el Reino Unido, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. Nótese la distinción: los intereses, no la autodeterminación soberana. La misma resolución califica la situación como colonial, lo que implica que el principio aplicable no es la autodeterminación —que se aplica a pueblos sometidos a dominación colonial, no a poblaciones trasplantadas por la potencia colonial— sino la descolonización en favor del Estado territorial.

Esta posición fue reafirmada por las resoluciones 2353 de 1967, 3160 de 1973, y por numerosas declaraciones del Comité de Descolonización de la ONU que a lo largo de décadas instó al Reino Unido a negociar con Argentina. La posición del derecho internacional no es ambigua: Malvinas es una situación colonial pendiente de resolución y la potencia colonial es el Reino Unido, no Argentina.

El argumento de la autodeterminación que el gobierno británico esgrime tiene una contradicción interna que sus propios defensores raramente abordan con honestidad: la población actual de las islas no es un pueblo originario que reclama su autodeterminación frente a un colonizador. Es el resultado de la expulsión de la población hispanoparlante que vivía en las islas en 1833 y su reemplazo por colonos británicos. Invocar la autodeterminación de una población instalada por la potencia colonial para justificar la permanencia de la potencia colonial en el territorio que usurpó es un razonamiento circular que ningún sistema jurídico serio puede sostener con consistencia.

Si el principio de autodeterminación de los colonos trasplantados valiera como argumento soberano, cualquier potencia colonial que reemplazara a la población original de un territorio adquiriría con el tiempo un título inatacable sobre ese territorio. Esa conclusión no solo es inaceptable: contradice el propósito entero del proceso de descolonización de Naciones Unidas.

Los soldados de 1982: El heroísmo que no autoriza el olvido

Soldados argentinos en Malvinas

La guerra de 1982 es el capítulo más doloroso y más complejo de la historia de Malvinas. El gobierno militar envió a jóvenes argentinos a recuperar las islas sin las condiciones mínimas de preparación, equipamiento, logística ni liderazgo que una operación militar responsable requiere. Usó una causa legítima —la soberanía argentina sobre Malvinas— para sus propios fines políticos internos, en un momento en que el gobierno de facto necesitaba desesperadamente un triunfo que distrajera de las cuestiones internas.

Eso es la historia política de 1982 y no tiene sentido ocultarla. Pero hay otra historia de 1982 que existe independientemente de la infamia de quienes tomaron la decisión: la historia de los soldados que fueron. Muchos de ellos: chicos de dieciocho, veinte años, conscriptos que no eligieron ir a ninguna guerra. Que sin embargo fueron, que pelearon con lo que tenían, que resistieron con una valentía que muchos de sus generales no merecían, que soportaron el frío de las islas en condiciones que ningún ser humano debería soportar, y que murieron o volvieron marcados para siempre por una experiencia que la sociedad argentina tardó demasiado en reconocer con la dignidad que merecía.

Los veteranos de Malvinas son parte de lo más doloroso de la historia argentina reciente: fueron usados por los militares de turno, ignorados por la democracia que la sucedió, estigmatizados durante años, y enfrentaron en silencio traumas que muchos no pudieron superar. La tasa de suicidios entre veteranos de Malvinas es una de las estadísticas más trágicas que produce la negligencia del Estado argentino hacia los que mandó a pelear. Ese dato merece toda la indignación que no se agota con los años.

Ninguna crítica al gobierno militar que usó Malvinas para sus propios fines puede ni debe proyectarse sobre los soldados que pelearon en las islas. Ellos no eligieron la guerra. Eligieron —o fueron obligados a elegir— servir a su país en las condiciones que les impusieron. Y lo hicieron con una dignidad que el regimiento político que los envió no tenía. El reclamo de soberanía sobre Malvinas es también, y de manera inseparable, el reclamo de que esos soldados no hayan muerto o sufrido en vano.

Muchos de los soldados de Malvinas fueron la Argentina real: jóvenes sin recursos, sin preparación suficiente, enviados por un gobierno que los traicionó antes de que partieran. Pelearon igual. Murieron igual. Merecen que el reclamo soberano que los convocó no se abandone jamás.

El Atlántico Sur y los intereses que el Reino Unido no menciona

Ocupación británica del Atlántico Sur

Gran Bretaña presenta su presencia en las Malvinas como el cumplimiento de un deber hacia los isleños que quieren permanecer bajo la Corona. Es una narrativa simpática. Es también una narrativa que convenientemente omite los intereses estratégicos y económicos que hacen de las Malvinas un territorio de valor incomparable para una potencia que perdió su imperio pero no perdió el apetito por los recursos ajenos.

El Atlántico Sur es una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta. El paso entre el extremo sur de América y la Antártida —que las Malvinas dominan geográficamente— conecta el Atlántico con el Pacífico y es una ruta alternativa al Canal de Panamá de valor incalculable en términos de logística militar y comercial. Quien controla las Malvinas tiene proyección sobre ese paso y sobre una porción enorme del Atlántico Sur.

La plataforma continental argentina —cuya extensión fue reconocida por la ONU en 2016 en un fallo que amplió el territorio marítimo argentino en 1,7 millones de kilómetros cuadrados— contiene recursos pesqueros, minerales y potencialmente hidrocarburíferos de magnitud. La zona de exclusión pesquera que el Reino Unido administra alrededor de las Malvinas genera ingresos significativos por licencias de pesca que corresponderían a Argentina. Los estudios sobre hidrocarburos en la plataforma malvinense son motivo de disputa permanente.

Y está la Antártida. El Tratado Antártico de 1959 congela los reclamos de soberanía sobre el continente helado, pero ese congelamiento no es eterno. La Argentina tiene reclamos antárticos que se superponen con los británicos. Las Malvinas son la base de proyección más conveniente hacia la Antártida desde el Atlántico Sur. Quien tenga las Malvinas tendrá ventaja en cualquier eventual renegociación del Tratado Antártico.

Que el Reino Unido invierte anualmente sumas considerables en la militarización de las islas —con una base aérea de última generación, con misiles, con una fragata permanente— no es por amor a los tres mil isleños que habitan el archipiélago. Es por los recursos, por la posición estratégica, por la proyección hacia la Antártida, y por el símbolo que representan para una potencia que necesita demostrar que todavía tiene capacidad de proyección global.

El Reino Unido no está en Malvinas por los isleños. A Londres le interesan menos de un gramo de comino los "kelpers". Está en Malvinas por el Atlántico Sur, por la Antártida, por el petróleo, por la pesca, y por el orgullo de una potencia que sabe que cada territorio que abandona es un paso más hacia la irrelevancia global. Todo lo demás es narrativa.

La mirada desde Ushuaia: conclusiones finales

Ushuaia capital de Malvinas

El reclamo de soberanía sobre las Malvinas no es una nostalgia ni un capricho nacionalista (aunque yo me considere uno). Es la aplicación de principios de derecho internacional que el propio Reino Unido proclama cuando le conviene y suspende cuando no. Es el reconocimiento de que la conquista por la fuerza no genera título jurídico en el mundo moderno. Es la memoria de los jóvenes argentinos que murieron en las islas con valentía. Y es la conciencia geopolítica de que el Atlántico Sur y la Antártida son el futuro estratégico de Argentina, y que resignar la soberanía malvinense es resignar una parte central de ese futuro.

La vía es la diplomacia, la presión internacional, el trabajo permanente en los foros multilaterales, la alianza con los países que comparten el principio de que el colonialismo del siglo XIX no puede perpetuarse en el siglo XXI. No la guerra, que en 1982 demostró que la causa justa no alcanza cuando la conducción militar es una catástrofe.

Pero tampoco el abandono. Tampoco la resignación disfrazada de pragmatismo. Tampoco la decisión de que ya es demasiado complicado y que conviene normalizar las relaciones con el Reino Unido y no molestar más.

Malvinas es nuestra. Seguirá siéndolo. Y desde acá, desde Ushuaia, en el extremo sur del mundo, desde la ciudad que mira hacia las islas con la certeza de quien sabe lo que ve, ese reclamo no se negocia ni se abandona.

Las Malvinas son argentinas.

Las imágenes de este artículo, corresponden a publicaciones realizadas bajo licencia creative commons

— Fin del comunicado del capitán—

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UNA LUCHA QUE NO PUEDE CESAR

Vigilia en homenaje a Malvinas y los combatientes

Malvinas, un nombre que evoca dolor, orgullo y un profundo sentido de injusticia. Desde mi infancia, crecí escuchando historias sobre las islas, sobre la guerra que marcó a toda una generación, sobre los héroes que sacrificaron sus vidas en defensa de nuestra tierra. Pero a medida que los años pasan, la herida sigue abierta, el reclamo por nuestra soberanía sigue vigente, y las Malvinas siguen bajo la ocupación ilegal.

Es un nuevo año que pasa, pero el panorama no ha cambiado. Las islas siguen en manos extranjeras, bajo un extraño pabellón que ondea en su suelo como un recordatorio constante de nuestra perdida perla austral como reza su marcha. No hay avances en las negociaciones, todo parece estar estancado en un extraño y horrible momento de enfriamiento del reclamo por nuestros derechos como argentinos. Ahí es cuando digo que no importa los títulos de honor de nuestros representantes, sino que el interés por la patria sea lo que los movilice.

Me pregunto cómo es posible que en pleno siglo XXI todavía haya colonialismo en nuestro territorio. Cómo es posible que, después de tantos años, nuestra provincia más austral siga fragmentada y existan partes de ella que sigan siendo inaccesible para nosotros, sus verdaderos dueños. Cómo es posible que la memoria de los argentinos que dieron su vida defendiendo nuestras tierras se vea empañada por la falta de acción y la indiferencia de aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas.

Porque nuestra lucha por las Malvinas y el resto de islas del Atlántico Sur va mucho más allá de los metros cuadrados que ocupan. Es una cuestión de identidad, de soberanía, de justicia. Es el derecho de todo argentino a pisar libremente nuestro propio suelo, a sentirnos parte de una tierra que nos pertenece por derecho histórico y legal. Es la memoria de nuestros caídos, cuyo sacrificio no debe ser olvidado ni traicionado.

¡Por la gloria y el honor de ser parte de esta tierra, no puedo permitirme olvidar!

Así que hoy escribo esto, con el firme propósito de seguir adelante, de no rendirme ante la injusticia y la adversidad de las que hay un sector de la sociedad que nos quiere hacer cómplices. Pero sé que la batalla no será fácil. Hay poderosos intereses en juego, obstáculos políticos y “diplomáticos” que debemos enfrentar. Sin embargo, me niego a rendirme. Porque sé que la verdad está de nuestro lado, que la justicia prevalecerá y que algún día, las Malvinas volverán a ser argentinas.

Mientras tanto, me aferró a la esperanza, a la fuerza de mi pueblo, a la memoria de nuestros héroes. Porque sé que mientras haya argentinos dispuestos a luchar por lo que es justo y correcto, nunca estaremos verdaderamente solos. Y así, con el corazón lleno de orgullo y determinación, sigo adelante, en la eterna lucha por nuestras Malvinas, por nuestra patria, por nuestra soberanía.

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LA VERDADERA INDEPENDENCIA

Soñando con la verdadera independencia

Hoy, en el día de nuestra independencia, es una oportunidad perfecta para reflexionar sobre el significado de la verdadera libertad y soberanía para los argentinos. Anhelamos el día en que podamos ser libres en todos los aspectos de nuestras vidas y ejercer nuestra soberanía en su máximo esplendor. Quiero rendir homenaje a todos aquellos que a lo largo de nuestra historia han contribuido con su esfuerzo y dedicación a construir este país que llamamos nuestro hogar.

Sin embargo, antes de empezar a escribir, experimenté un contratiempo en mi barrio en Mar del Plata. Un corte de luz repentino, causado por la explosión de un transformador cercano a mi hogar, interrumpió mi intención de compartir mis pensamientos. Este incidente sirve como recordatorio de que, a pesar de los desafíos que enfrentamos, seguimos luchando por la verdadera independencia y por una Argentina próspera y autónoma.

El anhelo de verdadera independencia y soberanía:

En el Día de la Independencia, es natural que reflexionemos sobre nuestro deseo de ser verdaderamente libres y soberanos en todos los aspectos de nuestra vida. Soñamos con una Argentina en la que podamos tomar nuestras propias decisiones sin interferencias externas, tanto a nivel individual como colectivo. Anhelamos la independencia económica, política y cultural, en la que podamos desarrollarnos plenamente como país y como ciudadanos.

Rindiendo homenaje a los constructores de nuestra historia:

En este día especial, es importante honrar a aquellos hombres y mujeres que han dejado su huella en la construcción de nuestra nación. Desde los próceres de la independencia, como Manuel Belgrano y José de San Martín, hasta los luchadores de derechos civiles y sociales más recientes, todos ellos merecen nuestro reconocimiento y gratitud. Cada uno de ellos, a su manera, contribuyó a forjar los cimientos de nuestra identidad como argentinos y a luchar por nuestra libertad y justicia.

Es fundamental recordar que la independencia no se logra en un solo día, sino a lo largo de un arduo proceso histórico. Cada generación ha aportado su granito de arena para avanzar hacia una Argentina más libre y soberana. Hombres y mujeres valientes, intelectuales, artistas y líderes populares han dejado su legado, sus ideas y su coraje para impulsar el progreso de nuestra nación.

Obstáculos en el camino hacia la verdadera independencia:

A pesar de nuestros sueños y esfuerzos, el camino hacia la verdadera independencia no está exento de obstáculos. Enfrentamos desafíos económicos, sociales y políticos que ponen a prueba nuestra capacidad de autogobierno y nos hacen cuestionar la soberanía real que tenemos como país. Las crisis económicas, la dependencia de decisiones externas y la desigualdad persistente son solo algunos de los desafíos que debemos superar en nuestra búsqueda de la independencia plena.

También debemos reconocer que por ejemplo, hoy con lo de los cortes de luz, entre otros problemas en infraestructura que experimentamos en nuestras vidas diarias, son ejemplos de los desafíos cotidianos que enfrentamos. Estos incidentes ponen de manifiesto las deficiencias en nuestra infraestructura y servicios básicos, recordándonos la importancia de tener una Argentina autónoma y con la capacidad de brindar a sus ciudadanos condiciones de vida dignas y estables.

La importancia de la unidad y la participación ciudadana:

En nuestro camino hacia la verdadera independencia, la unidad y la participación ciudadana desempeñan un papel crucial. Debemos unirnos como argentinos, más allá de nuestras diferencias, y trabajar juntos hacia un objetivo común: una Argentina próspera, justa y soberana. Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en esta tarea, ya sea a través del compromiso cívico, la educación, el emprendimiento o la defensa de los derechos y valores que consideramos fundamentales.

La participación ciudadana es esencial para lograr cambios significativos en nuestra sociedad. Debemos involucrarnos activamente en la toma de decisiones, cuestionar las prácticas injustas y promover una cultura de transparencia y responsabilidad. Al unirnos como ciudadanos comprometidos, podemos superar los obstáculos en el camino hacia la verdadera independencia y trabajar juntos para alcanzar nuestro potencial como nación.

Palabras finales:

En el Día de la Independencia, recordemos nuestro anhelo de verdadera libertad y soberanía en todas las áreas de nuestra vida como argentinos. Rindamos homenaje a aquellos que han contribuido a construir nuestra historia y luchemos por superar los obstáculos en el camino hacia la independencia plena. Unámonos como hermanos y hermanas, trabajemos juntos y participemos activamente en la construcción de una Argentina libre, justa y soberana. A pesar de los los desafíos que enfrentamos, mantengamos vivo el espíritu de lucha y perseverancia que caracteriza a nuestra nación. En nuestras manos está el poder de hacer realidad nuestro sueño de una Argentina verdaderamente independiente. 

¡Feliz Día de la Independencia, y que sigamos trabajando para alcanzar la libertad y la soberanía que anhelamos!

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KOSOVO ES EL CORAZÓN DE SERBIA

Kosovo y la defensa de la integridad de Serbia: Protegiendo a la población serbia en un escenario desafiante.

En este artículo, abordaremos la situación en Kosovo, dejando en claro desde el principio mi firme convicción de que Kosovo es una parte integral de Serbia y que la protección de la población serbia debe ser una prioridad incuestionable. Considero que la declaración unilateral de independencia de Kosovo representa una violación del derecho internacional, y es importante destacar cómo las potencias occidentales han influido en esta situación. Además, discutiremos las amenazas y la falta de protección que enfrentan los habitantes de etnia serbia en las zonas donde residen, bajo la ocupación de las autoridades actuales.

Kosovo: una parte integral de Serbia

Desde hace mucho tiempo, Kosovo ha sido una parte esencial de la historia y la identidad de Serbia. Su significado histórico, cultural y político es innegable. Es vital mantener esta perspectiva al abordar la situación actual en la región, ya que reconocer la integridad de Serbia es fundamental para cualquier discusión objetiva.

La declaración unilateral de independencia y el derecho internacional:

La declaración de independencia de Kosovo de forma unilateral fue un acto que va en contra del derecho internacional y establece un precedente peligroso. La comunidad internacional debería preocuparse por la violación de los principios fundamentales del derecho internacional y su impacto en el sistema global de gobernanza.

Es importante señalar cómo ciertas potencias occidentales han influido en esta situación. Han sido promotores de la independencia de Kosovo, ignorando los procesos legales y los procedimientos internacionales que deberían guiar cualquier cambio de fronteras o estatus político.

La amenaza a la población serbia en Kosovo:

La población de etnia serbia en Kosovo se enfrenta a numerosos desafíos y amenazas constantes. Su seguridad y bienestar están en juego, y es crucial que las autoridades responsables tomen medidas efectivas para garantizar su protección.

La presencia de grupos extremistas y la falta de control sobre la situación en algunas áreas han dejado a los serbios en una posición vulnerable. Las tensiones étnicas, los actos de violencia y la discriminación persisten, generando un ambiente hostil y peligroso para la población serbia.

La necesidad de protección y atención internacional:

Ante esta situación preocupante, es fundamental que la comunidad internacional preste atención y tome medidas para proteger a la población serbia en Kosovo. La seguridad y los derechos humanos de todos los habitantes, independientemente de su etnia, deben ser garantizados y respetados.

Es necesario un enfoque colaborativo y una cooperación activa entre las autoridades locales, las organizaciones internacionales y los actores relevantes para abordar los desafíos y trabajar hacia soluciones sostenibles.

Palabras finales:

En resumen, Kosovo se encuentra en una situación complicada, y es imperativo reconocer que es una parte integral de Serbia. La declaración unilateral de independencia ha generado tensiones y desafíos para la población de etnia serbia en Kosovo. La comunidad internacional debe tomar medidas para proteger a esta población y trabajar hacia una solución pacífica y sostenible que respete el derecho internacional y los derechos humanos. Mantenernos informados y abogar por una postura basada en la justicia y la integridad es crucial para abordar esta situación compleja y defender los derechos de la población serbia en Kosovo.

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40 AÑOS DE MALVINAS

Plazoleta Islas Malvinas en Comandante Luis Piedrabuena, Santa Cruz

Hoy los argentinos conmemoramos un nuevo aniversario de la gesta de Malvinas, recordando a cada uno de los caídos.

Este 2 de abril me encontré viajando desde Ushuaia a Mar del Plata en auto y recibí las 0 horas del día en Puerto San Julián, en la provincia de Santa Cruz. En este contexto, y desde esta hermosa ciudad, se hizo un tributo a los soldados argentinos y los veteranos que participaron en esta guerra y que lucharon con valentía y sacrificio por la soberanía de nuestro país.

La Guerra de Malvinas fue un momento triste y doloroso en la historia de Argentina, pero también fue una oportunidad para demostrar la fuerza y el coraje de nuestro pueblo y de nuestras fuerzas armadas. Es importante recordar a los hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas por la patria y honrar su memoria.

Memorial Islas Malvinas en Puerto San Julián, Santa Cruz

Memorial Islas Malvinas en Puerto San Julián, Santa Cruz

Es importante recordar que estos hombres y mujeres fueron enviados a una guerra sin la preparación ni el equipamiento adecuados, y que lucharon con coraje y honor por su patria. Muchos de ellos sufrieron heridas, enfermedades y traumas que los acompañarán por el resto de sus vidas.

Hoy, a 40 años de aquellos acontecimientos, es importante que el Estado y la sociedad en su conjunto brinden todo el apoyo y reconocimiento que nuestros héroes merecen. Además, es necesario continuar la búsqueda de los soldados argentinos que aún se encuentran desaparecidos en las islas Malvinas. Debemos hacer todo lo posible para encontrarlos y brindarles a sus familias la verdad y la justicia que merecen.

La Guerra de Malvinas fue una lucha por la soberanía argentina, y este concepto debemos tenerlo siempre muy en claro. La soberanía es la capacidad de un país para tomar decisiones sobre su territorio y su gente, y es un derecho fundamental que debe ser respetado por todas las naciones de manera innegociable e irrenunciable.

Cuando inició el 02 de abril se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. Este momento los puedes ver aquí

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LAS ISLAS MALVINAS SON ARGENTINAS

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ESTE SOY YO

Mariano Romero Arregin

¡Hola! Mi nombre es Mariano — Un hombre común y corriente escribiendo sobra la vida. Soy primeramente CRISTIANO. En lo profesional, soy productor agrícola, promotor agroecológico en un cultivar de frutas finas, fermentista y cuando tengo algo de tiempo (y dinero especialmente) un viajero amateur. Además, aquí estoy compartiendo mis historias familiares, mi amor por la vida en los cultivos, la naturaleza, la tecnología y el ocio en general.

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