| Nada como tirarse en el campo y levantar la vista al cielo |
Hoy no es un día cualquiera. O tal vez sí, pero con una diferencia sutil: por primera vez en mucho tiempo, me detuve a mirar atrás sin que el peso de las culpas me aplastara el pecho. El sol entra tibio por la ventana, y en este silencio de tarde —solo roto por el murmullo de la construcción de mis vecinos— siento que algo se aquieta adentro. Como si, después de años de huir, finalmente me permitiera respirar.

