LA RECUERDO CON ALEGRÍA
UN INICIO DE TEMPORADA
Por suerte la jornada que terminó (y pareciera que será igual la que está comenzando), será con temperaturas veraniegas y cercanas a los 30 grados centígrados y hay que disfrutarlas porque el próximo fin de semana los pronósticos indican que el otoño se quiere hacer presente nuevamente entre los días de verano.
Me alegró ver tanta gente disfrutando de un rato en la playa. Hace tiempo que en la ciudad no se veía el movimiento que hay en estos días y esperamos que se mantenga así por lo que dura la temporada. ¡Queremos que Mar del Plata siga siendo el destino preferido de verano de todos los argentinos!
En unos días parto hacia Ushuaia para cambiar de aire por unos días y volver por lo menos con un cambio de pilas.
HASTA EL FINAL
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| Un café con mi abuela |
Siempre el escribir trae cierto alivio a mi vida... Hoy no es el caso. No encuentro ninguna forma de hacer catarsis, ni siquiera de aliviar un poquito el dolor que estoy sintiendo. Mi abuela era enormemente especial para mí. Alguien en la que me gustaba verme reflejado. Alguien que luchó hasta el final de su vida, sin haberse rendido nunca y sin siquiera, haber bajado la guardia un instante en toda su vida.
Realmente me cuesta horrores escribir esto y no tengo ni la más mínima gana de decir adiós. Dentro mío, guardo esa horrible sensación de que hay muchas cosas que no se hicieron de la manera más adecuada posible, para que sus últimos días fueran más lleno de paz y menos traumáticos de lo que fueron.
Mi abuela era una persona llena de vida y una de las mujeres más valientes que he conocido en mi vida y qué, seguramente conoceré. Ella nunca le tuvo miedo a las circunstancias que el destino puso en su camino.
A mis 18 años, mi abuela me abrió las puertas de su casa para que, viniendo de otra ciudad, yo pudiera estudiar. Pensándolo bien y en retrospectiva lo que yo pude haber hecho por ella no tiene punto de comparación con lo que ella hizo por mí. No me alcanzarían las palabras para poder agradecerle.
Con mi abuela no siempre coincidíamos, aunque incluso en esas diferencias, sean grandes o pequeñas, ella era la persona más agradable del mundo; Creo que ella nunca se quejó de mí con nadie, aunque a veces yo lo hubiera merecido con creces.
¡Mi abuela me banco siempre! Esa es toda la verdad. Esta vez las palabras no sobran, más bien me faltan. Tengo tantas preguntas y ninguna respuesta. Mis plegarias... NO han sido escuchadas, aunque no hay ninguna novedad en eso.
Solamente me queda la satisfacción de todos los momentos que compartimos juntos, como los de la foto que adjuntan a este texto y que está tomada después de una sesión de inmunoterapia cuando esperábamos esas horas para volver a casa. No es una foto elegida al azar sino más bien una pequeña muestra de tu fortaleza de querer sentarte a tomar un café conmigo después de una horrorosa jornada de espantosas prácticas médicas.
Te amo abuela y, como dije, en lo personal sé dentro de mi corazón que no hice lo suficiente. Aún recuerdo esa última palabra casi inentendible que me dijiste en ese último viaje en ambulancia. Gracias por dejarme secarte esa última lágrima.
Die Dinge im Leben sind oft unerklärlich. Das Schicksal spielt uns immer einen sehr tückischen Streich und im Laufe der Stunden, Tage und Jahre beginnen die Wunden zu heilen, aber ich möchte, dass du weißt, dass ich dich bis zu meinem letzten Atemzug weiterhin mit all meiner Kraft lieben werde.
ME HE DADO CUENTA
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| Voy recibiendo la iluminación |
Me he dado cuenta de algo en estos últimos tiempos. Algo que, aunque sabía en el fondo de mi ser, me costaba aceptar. Y este tiempo de cuarentena me lo ha confirmado. ¡Soy un tarado! Y no un tarado cualquiera, no, de los buenos, de los que tienen talento natural para hacer estupideces a diestra y siniestra. No es que sea un tarado temporal, como aquellos que tienen un día malo y hacen alguna tontería. Yo voy más allá del tiempo, y parece que nada ni nadie puede evitar que mi taradez salga a relucir. No sé si es el encierro en las cuatro paredes de esta casa o qué, pero me siento cada vez más imbécil.
Este aislamiento social nos tiene a muchos de los pelos, y es que estar encerrado en casa durante tanto tiempo sin poder hacer nada es un auténtico desafío. Ya es una cuestión de salud pública que las autoridades vean la forma de darnos algo de la libertad que nos han cercenado desde el comienzo de la pandemia en Argentina. Pero bueno, no quiero hablar de política ni de la pandemia. Quiero hablar de mí y de mi taradez. Me doy cuenta de que siempre he sido un poco torpe en la vida, y que esta cuarentena ha sacado a la luz mi verdadera naturaleza. Soy de esas personas que siempre están dispuestas a ayudar a los demás, pero que descuidan su propio bienestar. Y eso, queridos amigos, es de tarados.
Mi abuela, que sufre de un deterioro cognitivo en crecimiento y un cáncer, hoy me gritaba desde la cama (me cuesta horrores hacerla levantar) que a veces era un tonto, y hoy más que nunca, creo que tiene toda la razón. Siempre fui una persona que antepuso el bienestar del otro sobre el personal y va a sonar raro y hasta un tanto antipático, pero creo que en la vida a veces hay que ser un poco egoísta y no entrar tanto en esa concepción de la familia que nos venden. Ni que hablar de los religiosos del haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. A mí no ser algo más egoísta me ha resultado en un frustrante presente. Es hora de que cambie eso. Es hora de que empiece a cuidar un poco más de mí, de mis intereses y de mis necesidades. Porque si yo no me cuido, ¿quién lo va a hacer? Y no es que tenga que ser un egoísta absoluto, pero sí que tengo que aprender a ponerme en primer lugar de vez en cuando.
Me he dado cuenta de que a veces soy un poco torpe en la vida. Que me cuesta hacer algunas cosas, que no siempre tengo las mejores ideas y que, en general, me falta un poco de inteligencia emocional. Pero eso no significa que no pueda mejorar. Y es que, si hay algo que he aprendido en esta cuarentena, es que siempre hay margen para mejorar.
No sé si soy el único que se siente así, pero creo que la cuarentena ha sacado lo peor de nosotros mismos. Y es que, cuando estamos encerrados en casa, sin poder salir, sin poder ver a nuestros seres queridos, sin poder hacer nada, nuestra mente se vuelve loca.
Por otro lado, también me he dado cuenta de que esta cuarentena me ha hecho reflexionar sobre mi vida y las cosas que quiero cambiar en ella. He estado leyendo y aprendiendo mucho sobre temas como el crecimiento personal, la productividad y el bienestar emocional, y estoy empezando a implementar algunos cambios en mi rutina diaria.
Una de las cosas más importantes que he aprendido es que necesito cuidar mi salud mental. En el pasado, he lidiado con problemas de ansiedad y depresión, y he aprendido que necesito tomar medidas activas para cuidar mi bienestar emocional.
Nada, solo quería descargarme un poquito. Sabiendo que no somos los mejores, pero tampoco los peores. Algo más merecemos los tarados y yo ahora me voy a tomar unos tragos de un destilado que fabriqué de forma casera con frambuesas ¿Qué tal está? Pues la verdad no sé, así que sí vuelvo a escribir, es porque estoy vivo y el experimento salió bien. Por las dudas, me despido de todos.










